Estudio

12 cosas a las que estamos capacitados

(del libro “12 “Christian” Beliefs That Can Drive You Crazy” de Henry Cloud y John Townsend)

Hay al menos una docena de tareas que tenemos la capacidad de realizar para cultivar nuestro propio crecimiento.

1. Tenemos la capacidad de ser dueños de nuestros problemas. Esto se llama confesión, que simplemente significa “estar de acuerdo”. Nunca cambiaremos a menos que confesemos la verdad acerca de nuestra condición. Solo cuando confesemos que estamos atascados, comenzaremos a trabajar para despegarnos. Solo entonces podremos dejar de culpar a los demás y de excusarnos. Entonces podemos pedir perdón y recibirlo (1 Juan 1.9).

2. Tenemos la capacidad de confesar nuestro fracaso para resolver nuestros problemas. Somos impotentes para salvarnos a nosotros mismos. Debemos llegar a un punto en el que digamos: “Dios, he fracasado en mis intentos de cambiar y mejorar“. Debemos llegar al final de nosotros mismos.

Fracasamos principalmente porque tratamos de superar nuestros problemas mediante “actos de la voluntad” o mediante otros métodos de superación personal. Sin embargo, cualquier intento de resolver nuestros problemas por nosotros mismos fracasará. “Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.(2 Corintios 12.9)” Deja de esforzarte más. Solo te traerá más fracasos. A veces tienes que dejar de intentarlo y esperar.

3. Tenemos la capacidad de pedir ayuda a Dios y a los demás. Ésta es la esencia de la humildad: reconocemos que no podemos hacerlo solos. Tal vez no podamos dejar de gastar dinero compulsivamente, o dejar de estar deprimidos, o detener un trastorno alimentario, pero podemos pedir ayuda a Dios y a los demás. “Pide y se te dará” (Mateo 7:7). Como dice Santiago, Dios está dispuesto a ayudarnos: “Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.” (4:2).

4. Tenemos la capacidad de seguir buscando y pidiendo a Dios y a los demás que nos revelen lo que hay en nuestra alma. El Espíritu de Dios —y las personas— pueden ayudarnos a vernos a nosotros mismos como realmente somos. David le pide a Dios en el Salmo 139 que le muestre lo que está mal en él, y su petición saca a la luz el quebrantamiento que necesita ser amado y el pecado del que necesita ser perdonado y apartado. Le damos permiso a Dios para cambiar aquellos aspectos de nosotros que necesitan ser cambiados.

5. Tenemos la capacidad de apartarnos del mal que descubrimos en nuestro interior. En el arrepentimiento descubrimos los aspectos enfermos, inmundos y malvados de nosotros mismos. Entonces podemos decir: “No quiero ponerme del lado de ese motivo o parte de mí. Quiero ser diferente.” Cuando controlamos, por ejemplo, podemos confesarlo a los demás y a Dios. Luego, al notar cómo controlamos a los demás en nuestras relaciones, podemos arrepentirnos y apartarnos de ello. El cambio de carácter se produce cuando confesamos nuestro pecado, satisfacemos nuestras necesidades reales y nos arrepentimos del mal que encontramos de forma tan natural. No tenemos que alimentar los aspectos malvados de nuestra personalidad. Podemos empezar a aflojar nuestro control sobre ellos y dejarlos ir.

No digo que sea facil. Disfrutamos de nuestro odio, nuestra amargura, nuestra envidia. Disfrutamos de la lujuria y el engaño. Sin embargo, darnos cuenta de que estos pecados están arruinando nuestras vidas puede motivarnos a renunciar a cualquier placer perverso que obtengamos al aferrarnos a estos pecados. Podemos permitir que Dios satisfaga esa necesidad de una manera saludable a través del amor de él y de su pueblo. Renunciar a algunos aspectos malvados de nosotros mismos y conectarnos con el amor es como cambiar un amigo por otro. Es una muerte y un nacimiento.

6. Tenemos la capacidad de descubrir qué necesidades no fueron satisfechas cuando crecimos en nuestra familia, y luego llevar esas necesidades a la familia de Dios, donde puedan ser satisfechas. Dios dice que ” hace habitar en familia a los desamparados;” (Sal. 68: 6). A través de la familia de Dios, su iglesia, podemos satisfacer nuestras necesidades. Si, por ejemplo, nos perdimos algunos cuidados necesarios en la niñez, podemos llevar nuestras partes necesitadas a otros en el cuerpo de Cristo y establecer conexiones de apoyo. Dios pide a los fuertes que satisfagan estas necesidades (Rom. 15:1).

Si en la niñez nos faltó el entrenamiento y el apoyo de un padre, podemos apelar a aquellos en el cuerpo para que nos ayuden a aprender e interiorizar lo que no obtuvimos al crecer. Esta es la “edificación [del cuerpo] en amor” (Efesios 4:13). No podemos esperar que Dios sane instantánea y sobrenaturalmente las heridas que la gente nos ha infligido. Sana a través de su pueblo. Debido a que nuestro dolor proviene de las relaciones, nuestra curación también debe provenir de las relaciones. Jesús le pide a su pueblo que sean sus brazos que se envuelvan entre sí. Nuestro problema es que rara vez preguntamos.

7. Tenemos la capacidad de buscar a aquellos a quienes hemos herido y, cuando sea útil, pedir disculpas, admitir nuestro error y pedirles perdón. A esto se le llama reparación: Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.”(Mateo 5: 23–24).

La Biblia enseña que para tener paz con Dios, debemos hacer las paces unos con otros. No podemos afirmar que estamos bien con Dios si no estamos haciendo todo lo posible en nuestro corazón para estar bien con los demás (1 Juan 4: 20-21). Un aspecto crucial para mejorar es purificar nuestras relaciones con otras personas y trabajar duro para tratarlas bien. Esto cumple el segundo mandamiento más grande, “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39).

8. Tenemos la capacidad de perdonar a otros que nos han herido. Habiendo confesado nuestros pecados contra Dios y los demás y habiendo sido perdonados, podemos dar esa misma gracia a otros (Efesios 4:32). De hecho, nuestra recuperación y bienestar están íntimamente ligados a nuestro perdón a los demás. No nos sirve de nada recibir la gracia con una mano y juzgar con la otra ( Mateo 18: 21–35).

Necesitamos perdonar no solo con nuestra voluntad, sino con el “corazón” (Mateo 18:35), con todo nuestro ser. El perdón es un proceso profundamente emocional mediante el cual lidiamos con todos nuestros sentimientos. Debemos ser honestos acerca de nuestro dolor e ira y no cerrar nuestro corazón y volvernos insensibles (Sal. 17:10; Ef. 4:19).

9. Tenemos la capacidad de desarrollar dones y talentos que Dios nos ha dado. Nos ha dado habilidades; debemos usarlos. La diferencia entre el “siervo bueno y fiel” y el “siervo malo y perezoso” en Mateo 25 es que el primero invirtió sus talentos. No importaba cuánto logró cada siervo, sino si había usado lo que recibió. El sirviente malvado ni siquiera trató de usar lo que tenía.

10. Tenemos la capacidad de seguir buscando a Dios. Dios promete que si lo buscamos, lo encontraremos; si llamamos, nos abrirá la puerta. Nos enseña a perseverar en la oración y a buscar la respuesta que queremos de él (Santiago 4:2; Mateo 7:7–11; Lucas 18:1–8).

11. Tenemos la capacidad de buscar la verdad y la sabiduría. La verdad es la revelación de Dios en la Biblia y en su creación de cómo él y su universo funcionan. Podemos ser buscadores de lo que enseña en su Palabra y estudiantes de las obras de sus manos.

La sabiduría es un conocimiento práctico y aplicado que se aprende a través de la vida. Debemos estar íntimamente involucrados con vivir en el mundo y aprender a través de la experiencia (He. 5:14).

12. Tenemos la capacidad cada vez mayor de seguir el ejemplo de amor de Dios. Aquellos que “se aman unos a otros, como él nos ha mandado” (1 Juan 3:23) se recuperan. Aquellos que se aferran al odio, la venganza y el egocentrismo, no lo hacen. El amor nos conecta con los demás, ablanda nuestro corazón, disminuye nuestro aislamiento y madura nuestra alma. Practicar dando amor es lo mejor que puedes hacer para curarte del dolor emocional.

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