Sacerdotes que adoren y sirvan

SACERDOTES CRISTIANOS

Los israelitas del Antiguo Testamento eran una nación de soldados, Números 1:3.

Una de sus tribus era una tribu de trabajadores, los levitas, Números 1:50.

Una de las familias de esa tribu eran adoradores. Estos eran Aarón y sus hijos, los sacerdotes, Exodo 28:1; Números 3:3.

Estos sacerdotes eran distintos a los demás porque ponían sus tiendas en un lugar especial del campamento y porque sus vestidos eran diferentes de los de las demás personas. Comían cierta comida que los otros no comían. Dios les dio privilegios especiales y tenían que hacer un trabajo que estaba prohibido a los otros. Ve Exodo 28; Levítíco 7:6-10; Números 8:2; 10:8-11.

Sólo a los sacerdotes les estaba permitido entrar en la santa Presencia de Dios. Ellos entraban a El por la gente y salían a la gente por El. Ellos estaban entre Dios y la gente. Aarón era el único sumo sacerdote, y sus hijos los sacerdotes ordinarios. Sólo ellos ofrecían los sacrificios sobre el altar, y eran los únicos que podían entrar en el lugar santo del templo. Sólo ellos podían decidir si una persona tenía lepra o sí se había curado de esa terrible enfermedad.

Los sacerdotes del Antiguo Testamento son un cuadro de los sacerdotes verdaderos de hoy. ¿Quiénes son estos sacerdotes? Todos los creyentes verdaderos son sacerdotes. Lee los únicos versículos del Nuevo Testamento que enseñan acerca de este tema: 1 Pedro 2:5,9; Apocalipsis 1:5,6; 5:10. Los sacerdotes judíos no podían acceder a este puesto por su propia elección, o entrenamiento especial; sólo los que habían nacido en la familia de Aarón podían ser sacerdotes, Esdras 2:62.

Tampoco en la iglesia de Cristo se llega a ser sacerdote por elección personal o entrenamiento, sino que una persona se convierte en un sacerdote cuando cree en Cristo y es nacida de nuevo por medio del Espíritu Santo. En 1 Corintios 12 y Efesios 4 hay unas listas de los dones que el Espíritu Santo da, pero el sacerdocio no figura entre ellos. Este no es un don, porque todos los creyentes verdaderos son sacerdotes. Otras personas se llaman sacerdotes, pero no lo son. Sólo la gente que pertenecía a la familia de Aarón eran sacerdotes entre los judíos, y ellos servían aquí, en la tierra, en un templo terrenal. Eran un cuadro de los sacerdotes de hoy en día. Sin embargo, hoy todos los que pertenecen a la familia de Dios son sacerdotes.

¿Cómo debemos adorar al Padre? Juan 4:24_____________________________

Como un sacerdote Santo, el cristiano ofrece sacrificios espirituales a Dios, 1 Pedro 2:5. Como un sacerdote del Rey, proclama los hechos maravillosos de Dios a los hombres, 1 Pedro 2:9. Por ejemplo, Pablo y Silas actuaron como sacerdotes santos en Hechos 16:25, y como sacerdotes del Rey en el versículo 31 del mismo capítulo. Otro ejemplo se encuentra en Hebreos 13. El versículo 15 nos habla de la actividad de los sacerdotes santos, y el versículo 16 acerca de los sacerdotes del Rey.

Hoy en día hay sacerdotes que usan ropa especial, y tienen privilegios y oficios especiales en sus iglesias. Estos sacerdotes siguen el ejemplo de los sacerdotes judíos. No hay semejantes sacerdotes entre los cristianos verdaderos hoy en día, porque todos los cristianos son sacerdotes, y todos tienen los mismos privilegios, y todos deben adorar a Dios. Aarón y sus hijos son un cuadro del Señor Jesucristo, el gran Sumo Sacerdote, y todo Su pueblo a quien El ha comprado con Su sangre preciosa.

ADORADORES

Pensemos acerca del significado, el lugar y el poder de la adoración.

El significado de la adoración

Una persona adora cuando su corazón está lleno de alabanza, mientras piensa acerca de lo que Dios es en Cristo. Adora a Dios el Padre y a Dios el Hijo porque ha sido librado del pecado por el sacrificio costoso de Cristo. Sólo los sacerdotes verdaderos del Nuevo Testamento pueden adorar.

Aclaremos que adorar y enseñar la Palabra de Dios son dos cosas distintas. La adoración sube al Padre, pero los que enseñan la Palabra de Dios lo hacen para ayudar a los hombres, es decir, viene de Dios a los hombres. Un creyente enseña a otros las verdades que él mismo ha recibido de Dios el Padre, por medio del Hijo, por el Espíritu Santo. Sin embargo, cuando adora, esa adoración sube por medio del Espíritu, por el Hijo, al Padre.

El lugar de la adoración

El pueblo de Israel adoraba a Dios en un edificio sobre la tierra y ofrecía diversas cosas como sacrificios. El creyente puede entrar directamente a la presencia de Dios para adorarle, y no tiene que estar en un edificio especial para hacerlo. Lee Hebreos 10:19-22 con cuidado. Los sacerdotes antiguos podían ofrecer sacrificios a Dios, y nosotros también lo podemos hacer. Debemos ofrecernos nosotros mismos a Dios, Romanos 12:1. Podemos también alabar a Dios con nuestras voces, y compartir nuestro dinero para ayudar a otros, Hebreos 13:15,16.

El poder para adorar

Podemos adorar sólo por medio del poder del Espíritu Santo, Filipenses 3:3. A El le gusta hacernos pensar en las glorias de Dios y de Cristo, en vez de pensar en nosotros mismos.

LOS SIERVOS DE DIOS EN LA IGLESIA

Los creyentes tienen que ser alimentados con la Palabra de Dios para poder caminar cerca del Señor. Cristo es la Cabeza de la Iglesia, y sólo El la alimenta y la cuida, Efesios 5:29. Lo hace por medio del Espíritu Santo, y dándole a ciertos creyentes el don de predicar y enseñar la Palabra de Dios, o de cuidar a los creyentes de otras maneras. Todos los creyentes son sacerdotes porque han nacido de nuevo, pero no todos los creyentes tienen el don de enseñar o predicar.

En Efesios 4:11-13 tenemos una lista de los dones dados a los cristianos hoy en día. Son evangelistas, pastores y maestros. (No tenemos apóstoles ni profetas hoy en día, pero todavía tenemos los libros que ellos escribieron.)

El Evangelista lleva las Buenas Nuevas de la salvación a los pecadores en todo el mundo. Felipe es un buen ejemplo de esto, Hechos 21:8.

El Pastor cuida a los que han sido salvados. Los trae a la iglesia local y los guía en los caminos de Dios.

 

Nunca leemos en el Nuevo Testamento que sólo un pastor fuera señalado para cuidar a una iglesia local, pero vemos que en los tiempos del Nuevo Testamento una iglesia podía tener varios pastores. Estos pastores son señalados por el Señor mismo, no por otros cristianos, y con amor cuidan al pueblo de Dios. Ve 1 Tesalonicenses 2:7,11.

El Maestro explica la Palabra de Dios de una manera ordenada, y así fortalece a los creyentes en la fe.

El Anciano es un hombre piadoso que conoce y anda con el Señor. Su trabajo es cuidar a la iglesia, 1 Timoteo 3:5; alimentar a los creyentes, 1 Pedro 5:2; y vigilar por ellos, Hechos 20:28-30. El anciano trabaja en la iglesia local, y algunos tienen el don de enseñar o predicar públicamente, 1 Timoteo 5:17. En cada iglesia del Nuevo Testamento había varios ancianos, Hechos 14:23; Tito 1:5.

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