¿Cual es tu yugo?

Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina. Y los que tienen amos creyentes, no los tengan en menos por ser hermanos, sino sírvanles mejor, por cuanto son creyentes y amados los que se benefician de su buen servicio. Esto enseña y exhorta. Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; 10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.
1 Tim 6.1-10

En estos primeros 10 versiculos del último capítulo de Timoteo vemos a Pablo hablandole a Timoteo sobre tres grupos de personas especificas, y sus respectivas indicaciones. El enlace que los tres tienen es doble: el concepto de yugo y el concepto de contentamiento.

Veremos que la vida del creyente debe ejemplificarse por estar bajo un yugo de sumision obediente a Dios en su vida personal, tanto espiritual como fisica, y que ese yugo ayuda a efectuar una actitud de contentamiento con los aspectos fisicos que Dios ha otorgado.

  1. En primer lugar, debemos definir:
    1. Yugo: es de la palabra zygon y se utiliza como una representación de lo que unia a bueyes y otros animales de carga, para que unidos pudieran efectuar mejor el trabajo que tenian por delante. Indica una subyugación bajo un mismo principio o ley. Por lo tanto, el uso de yugo indica una actitud de humildad en el caso de que sea para beneficio del receptor.
      1. En Mat 11.29-30 Cristo mismo dice que debemos tomar su yugo. Aqui, por eso, Cristo nos indica que su yugo es facil y por lo tanto vemos el beneficio de estar sujetos a este yugo, porque es util, productivo, beneficioso.
      2. En Hechos 15.10 Pedro pregunta a algunos de Jerusalen, de porqué querian poner bajo yugo a los cristianos nuevos, haciendoles que se circuncidaran. Este es un ejemplo de subyugación inecesaria, ya que esa necesidad, ese yugo ya no hacia falta, porque cuando Jesús murio, abolio la ley ceremonial judia para el encuentro con Dios, ya que es Él ahora el mediador entre Dios y los hombres.
      3. Pablo habla en Gálatas en contra del yugo de la ley, y por contraste la libertad que tenemos en Cristo. Por lo tanto, tenemos aqui una paradoja, y es ¿como podemos estar bajo un yugo, pero al mismo tiempo en libertad?

Asi pues, detengamonos un poco en este concepto del yugo. Volvamos a Mateo, a ver que dice Cristo de su invitación.

No fue una invitación general, dirigida indefinidamente a las masas, sino más bien un llamamiento a aquellos que buscan seriamente la paz de corazón y, sin embargo, siguen acosados con una carga consciente de culpa. Está dirigido a aquellos que anhelan el descanso del alma, pero que no saben cómo debe ser obtenido, ni dónde se encuentra. Cristo dice: “Venid a mí, y yo os haré descansar”.

Cristo hace la audaz afirmacion de que Él mismo es el Dador de descanso; y en lo que sigue especifica los términos sobre los cuales Él lo dispensa, condiciones que deben ser cumplidas por nosotros si queremos obtener el descanso prometido. Aunque el resto es libremente “dado”, sin embargo, sólo se da a aquellos que cumplen con los requisitos revelados de su Dador.

“Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, porque soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). En esas palabras, Cristo dio a conocer las condiciones que debemos cumplir, si queremos obtener el descanso del alma que su gracia otorga.

Primero, estamos obligados a tomar Su yugo sobre nosotros. Ahora el “yugo” es una figura de sujeción. La fuerza de esta figura puede ser fácilmente percibida si contrastamos en nuestra mente, unos bueyes que estan sueltos y salvajes en el campo, y luego atados a un arado donde su dueño dirige sus energías y los emplea en su servicio. Por lo tanto, leemos que “es bueno para el hombre – que lleve el yugo en su juventud” (Lam. 3:27), lo que significa que a menos que los jóvenes sean disciplinados, sometidos y enseñados a obedecer a sus superiores, ellos probablemente se convertiran en hijos rebeldes, intransigentes contra Dios y el hombre. Cuando el Señor tomó a Efraín en la mano y lo reprendió, se lamentó de que él era como “un buey no acostumbrado al yugo” (Jeremías 31:18).

El hombre natural nace “como el pollino de un asno salvaje” (Job 11:12) -completamente inmanejable, obstinado, decidido a tomar su propio camino a toda costa. Habiendo perdido su anclaje por la caida, el hombre es como un barco que está enteramente a merced de los vientos y las olas. Su corazón está desarmado, y corre de aquí y allá para su propia destrucción. De ahí su necesidad imperiosa del yugo de Cristo, si desea obtener descanso para su alma.

En su sentido más amplio, el yugo de Cristo significa total dependencia, obediencia incondicional, sumisión sin reservas a Él. El creyente debe esto a Cristo, tanto como su legítimo Señor, como su bondadoso Redentor. Cristo tiene un doble derecho sobre él.

  1. Primero, él es la criatura de Sus manos: Él le dio el ser, con todas sus capacidades e instalaciones.
  2. Pero aun más: Él lo ha redimido, y por lo tanto ha adquirido una demanda adicional sobre él. Los santos son la propiedad comprada de Otra, y por eso el Espíritu Santo les dice: “No sois vuestros, porque sois comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestros cuerpos y en vuestros espíritus, que son de Dios” ( 1 Corintios 6:19, 20).

Llevad mi yugo sobre vosotros“, por lo cual Cristo indica: rendirse a Mi Señoría, someterse a Mi regla, dejar que Mi voluntad se haga tuya. Como Matthew Henry señaló con razón: “Estamos aquí invitados a Cristo como Profeta, Sacerdote y Rey – para ser salvos, y para que seamos gobernados y enseñados por Él”. Como los bueyes están unidos para someterse a la voluntad de su dueño y para trabajar bajo su control, aquellos que reciben el descanso del alma de Cristo son llamados a ceder a Él como su Rey. Murió por su pueblo, para que no vivieran para sí, sino para aquel que murió por ellos y resucitó (2 Corintios 5.15). Nuestro Santo Señor requiere absoluta sumisión y obediencia en todas las cosas -tanto en la vida interior como en la exterior– hasta “tomar cautivo todo pensamiento para hacerlo obediente a Cristo” (2 Corintios 10: 5). Por desgracia, esto se insiste poco en un día en que las elevadas pretensiones del Salvador son reducidas en un intento de hacer Su Evangelio más aceptable y apetecible para los no regenerados.

“Llevad mi yugo sobre vosotros.” Hay que notar con cuidado que este yugo no es puesto sobre nosotros por otro, sino uno que debemos colocar sobre nosotros mismos. Es un acto definido por parte de aquel que está buscando descanso de Cristo y sin el cual, Su descanso no puede ser obtenido. Es un acto específico de la mente –un acto de entrega consciente a Su autoridad- de ahora en adelante ser gobernado solamente por Él. Saulo de Tarso le tomó este yugo cuando, convencido de su rebelión (dando golpes contra el aguijon) y conquistado por un sentimiento de compasión del Salvador, dijo: “Señor, ¿qué quieres que haga?”

Tomar el yugo de Cristo sobre nosotros significa dejar de lado mi propia voluntad y someter completamente a Su soberanía el reconocimiento de Su Señoría de una manera práctica. Cristo pide algo más que el servicio de sus seguidores, incluso una obediencia amorosa a todos sus mandamientos, porque ha declarado: “No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” Y otra vez: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, será semejante a un hombre prudente que edificó su casa sobre la peña.” (Mateo 7:21, 24).

“Llevad mi yugo sobre vosotros.” Como nuestra “venida” a Cristo implica necesariamente la vuelta de nuestras espaldas sobre todo lo que se opone a Él, “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. “(Isaías 55: 7), así la toma de Su” yugo ” sobre nosotros, presupone que echamos fuera el yugo que habíamos usado anteriormente, o sea, el yugo del pecado y Satanás, el yugo de la voluntad propia y la auto-agradación. “Jehová Dios nuestro, otros señores fuera de ti se han enseñoreado de nosotros; pero en ti solamente nos acordaremos de tu nombre.” (Isaías 26:13). Por lo tanto, la toma del yugo de Cristo sobre nosotros denota un cambio de Maestros, un cambio consciente y alegre de nuestra parte: “ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? (Romanos 6:13, 16).

“Llevad mi yugo sobre vosotros.” Puede sonar muy parecido a una paradoja, decirle a aquellos que trabajan y están cargados y que vienen a Cristo para “descansar” para pedirles que tomen un “yugo” sobre ellos. Sin embargo, en realidad está lejos de ser el caso. En lugar de que el yugo de Cristo lleve a su portador a la esclavitud, lo introduce en una verdadera libertad, la única libertad genuina que existe. “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:31, 32). Ese es Su orden invariable. Primero, debe haber un “continuar en Su Palabra” -es decir, un caminar real y constante en el mismo. Al hacer esto, El cumple su promesa, “y conoceréis la Verdad”. Es decir, conocerlo de una manera experimental, conocer su poder, su bienaventuranza. La consecuencia es: “y la Verdad os hará libres”, libre de prejuicios, de ignorancia, de locura, de la voluntad propia, de la esclavitud de Satanás, del poder del pecado. Entonces es que el discípulo obediente descubre que los Mandamientos Divinos son “la ley perfecta de la libertad” (Santiago 1:25). Dijo David: “Caminaré libre, porque busco tus preceptos” (Salmo 119: 45).

Por medio del yugo, dos bueyes se unieron para arar. El “yugo”, entonces, es una figura de unión práctica. Esto está claro de: “No os unáis juntamente con los incrédulos, porque ¿qué tienen en común la justicia y la maldad, o qué comunión puede tener la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14). Aquí se prohíbe al pueblo del Señor entrar en relaciones íntimas o asociaciones con incrédulos. Se nos prohíbe casarnos, formar asociaciones de negocios o tener alguna unión religiosa con ellos. Como 2 Corintios 6:14 insinúa, el “yugo” habla de una unión que emerge en una comunión cercana. Y esto es también lo que está en perspectiva en el texto que estamos considerando. Cristo invita a aquellos que vienen a Él a descansar, a entrar en una unión práctica con Él para que puedan disfrutar juntos de la santa comunión. Así fue con uno de los de la historia acerca de quien leemos, “y Enoc caminó con Dios” (Génesis 5:24). Pero “¿pueden caminar dos juntos si no están de acuerdo” (Amós 3: 3)? No, no pueden: deben ser unidos en la misma unidad de propósito – el de glorificar a Dios.

“Llevad mi yugo sobre vosotros” dijo Cristo. Él no nos pide que usemos algo que Él no ha usado. ¡Oh la maravilla de esto! Por desgracia, nuestros corazones son tan poco afectados por ello. “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2: 5-8). Sí, el que era igual a Dios “no se hizo nada”. El que era el Señor de la gloria tomó sobre él “la naturaleza misma de un siervo”. El mismo Hijo de Dios fue “hecho de mujer, hecho bajo la ley” (Gálatas 4: 4). “Ni siquiera Cristo agradó a sí mismo” (Romanos 15: 3). Como declaró: “He bajado del cielo para no hacer mi voluntad, sino para hacer la voluntad del que me envió” (Juan 6:38). Éste era, pues, el “yugo” al que se entregaba gustoso: sumisión completa a la voluntad del Padre, obediencia amorosa a sus mandamientos. Y aquí dice: “Llevad mi yugo sobre vosotros”. Eso es … haz lo que yo hice, haciendo tuya la voluntad de Dios. Haz de Sus preceptos el regulador de tu vida.

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