La Providencia

Una vez que hemos hablado de la Creación tenemos que detenernos en la doctrina de la providencia, pues si bien la primera consiste en dar existencia a algo que no la tenía antes, la segunda tiene que ver con la continuación de aquello que ha sido creado. Así que, Dios, mediante la creación, da existencia a las cosas y mediante Su providencia las mantiene, y todo en orden a Sus propósitos. Por tanto, esta doctrina no significa solamente que Dios tenga un conocimiento previo de lo que va a suceder, (eso es prever, o presciencia ) sino que Dios sigue haciendo, sigue ejerciendo una actividad continuada en todas las cosas desde que creó el mundo en el principio de los tiempos, (deriva de proveer).

Y es importante considerar esta doctrina, tal como todas las demás. Pero quizás lo sea aún más en el día de hoy, por varias razones. Siempre es importante estudiar las doctrinas, pero dependiendo de la época en que nos toca vivir, podemos decir que hay que destacar o prestar más atención a algunas. Así, la gran doctrina de los primeros siglos de la Iglesia fue todo lo concerniente a la persona de Cristo. En la época de la Reforma lo fue la de la justificación por la fe. Y hoy, quizás sea esta de la providencia la que más se necesita recalcar junto a una doctrina correcta sobre el Espíritu Santo. No es que sea más importante que la de la encarnación o la expiación, sino sólo que debemos prestarle atención.

Y debemos hacerlo por varias razones: la primera porque para muchos, dentro o fuera de la Iglesia, supone una piedra de tropiezo, y no son pocos los que dicen que mirando la situación del mundo o la suya propia le es imposible creer en un Dios de amor que lo controla todo; la segunda, porque, en el otro extremo, muchos son también los que dicen haber disfrutado de providencias especiales de Dios y hablan de ella demasiado a la ligera, como si tuvieran el conocimiento pleno de la voluntad de Dios; la tercera porque nuestra época científica rechaza todo lo que sea sobrenatural o milagroso, todo lo que pueda venir de un Dios y que no pueda ser explicado lógicamente; y la cuarta, porque ahora, y siempre, es necesario hablar de ella para entender mejor el porqué de la oración, ya que unos dicen que con la oración se puede “controlar” a Dios y otros dicen que no hace falta orar pues Dios ya sabe lo que ha de hacer.

Así que entramos a estudiar la providencia. Y de nuevo nos encontramos ante algo muy difícil e inescrutable por nosotros y algo donde la incredulidad o la falta de fe seguro que se equivocan. Por tanto, hemos de hacerlo con reverencia y humildad, yendo tan lejos como nos muestre las Escrituras, pero no más allá de ellas.

1) Y lo primero que hemos de decir es que la Biblia nos enseña muy claramente que Dios lo controla todo. Si no fuera así, no sería Dios, y cualquier persona, animal o circunstancia Le obligaría a cambiar Sus planes o incluso los desbarataría, Sal. 103:19; 104:1-4, 10-11, 14-15, 27-30. Esto es claro, y es contrario, por supuesto, al deísmo, (tema 5), esa forma de pensar que dice que Dios puso en marcha el mundo y se fue y se desentendió de él, y al panteísmo, que dice que Dios es todo y no se puede diferenciar de Su propia creación. Pero también es contraria al fatalismo que niega la voluntad y la responsabilidad humanas.

Así que la providencia queda clara en la Biblia en muchos pasajes y de forma directa, Exo. 14:19-20; 1o Sam. 6:10-12; 7:10; Jonás 1:17; Hec. 28:3-5. También es la que puede explicar todo lo relacionado con las profecías, las cuales indican que Dios controla todas las cosas para que aquello que se predice llegue a cumplirse. Es también lo que nos lleva a orar, pues si no creyéramos que Dios lo controla todo no tendría sentido que orásemos. Y es también la que argumenta y explica el tema de los milagros, intervenciones de Dios para que sucedan ciertas cosas que de modo natural no pasarían.

Esta es la providencia de Dios. Pero conviene dar una definición de la misma para que entendamos mejor qué es aquello a que nos referimos cuando hablamos de providencia, teniendo presente que para esta definición no hemos de apartarnos de la revelación bíblica. Pues bien, “la providencia hemos de entenderla como el ejercicio continuado de Dios mediante el cual sostiene a todas Sus criaturas, actúa en todo lo que ocurre en el mundo, y dirige todas las cosas hacia el final que les ha preparado”.

Hay, pues, tres elementos distintos en la providencia de Dios.

A) El primero es el de la preservación, “Dios sostiene a todas Sus criaturas”, y no sólo a ellas, sino a todas las cosas junto con las propiedades que les ha dado. Por ejemplo, es Dios quien sostiene el universo. Algunos dicen que Dios no destruye lo que ha creado, pero esto no es preservar; preservar tiene un carácter positivo de mantener. Y tampoco es que Dios esté continuamente creando. Todo lo creado existe pero su existencia es el resultado de la actividad continuada de Dios, Sal. 104:28-30; Hec. 17:28; Col. 1:17; Heb. 1:3. Es decir, no hay nada en el universo que pudiera seguir funcionando si Dios no lo sustentara.

B) El segundo elemento de la providencia es el de gobierno, “Dios actúa en todo lo que ocurre en el mundo”. Y lo hace porque tiene un objetivo y finalidad concretos. Él es el Rey de reyes y Señor de señores, Sal. 97:1, y todo está bajo Su control, Sal. 103:19, Isa. 40:15, Dan. 4:34-35 para que Sus propósitos se cumplan.

C) El tercer aspecto de la providencia es lo que se llama “concurrencia”, lo cual significa la cooperación de Dios y Su poder con el de los demás poderes establecidos por Él, sean personas, leyes de la naturaleza, etc., para que todo actúe de la forma que lo hace. Son las llamadas causas segundas (todo lo que sucede tiene una causa), en contraposición con las causas primeras que provienen de Dios, o la Causa Primera, que es Dios, de modo que aquéllas no actúan de forma independiente. Hay fuerzas y leyes de la naturaleza, pero dependen y están controladas por Dios, no están los dos al mismo nivel como dos bueyes que tiran de una carreta, (¡cuidado cuando hablamos de un “tiempo asqueroso”). Y aunque esto es también un misterio, así lo vemos en la Biblia: Amós 3:6; Mat. 5:45.

Esta que hemos hablado se conoce como providencia general de Dios. Pero también existe una providencia especial, que abarca a cada parte del universo, no sólo a éste como totalidad, sino también a ríos, árboles, animales, plantas, bacterias, microorganismos, moléculas, átomos, elementos, etc., a cada persona en particular con todas sus acciones buenas o malas, y, sobre todo, a los que forman parte de Su pueblo, por los cuales tiene un cuidado especial, (se llama providencia especialísima), Sal. 91:1- 4, 9-13; Sal. 23. Podemos ver varias citas que confirman esto: Efe. 1:11, (todas las cosas), Mat. 6:26, 10:29; Jonás 1:17; 2:10, (animales), Job 12:15-25, (naciones), 1o Sam. 16:1; Gal. 1:15-16, (destino de los hombres), Sal. 75:6-7, (éxitos o fracasos), Ester 6:1, (hechos insignificantes con grandes consecuencias), Sal. 4:8; 5:8, (preserva a los justos), Fil. 4:19, (provee para sus necesidades), Hec. 12:5, (responde a las oraciones), etc.

Y también existe una providencia extraordinaria, los milagros, en los que Dios obra, no en contra de las leyes de la naturaleza, sino por encima de ellas de forma sobrenatural. En la providencia normal Dios usa las causas segundas, pero en los milagros es Dios quien actúa directamente. Y hay muchas personas que niegan los milagros porque piensan que Dios está supeditado a Sus propias leyes, y otros sólo los admiten cuando pueden explicarlo de una forma natural, (paso del mar Rojo, como un viento por una zona de marismas; detenimiento del Jordán con Josué, como desbordamiento y cauce por otro sitio; muerte de Uza, por descarga eléctrica debido al rozamiento del oro, 2o Sam. 6:7, etc.).

2) Ahora vamos a decir algo sobre las dificultades que algunas personas tienen con respecto a esta doctrina de la providencia:

A) La primera es que Dios es demasiado grande para ocuparse de las pequeñas cosas nuestras de cada día, y que, además, las leyes de la naturaleza hacen que eso sea imposible. Pero la Biblia no dice eso, y nos muestra que Dios está interesado en cada pequeño detalle de nuestras vidas, y que desea que Su pueblo Le lleve en oración hasta las pequeñas cosas, Fil. 4:6.

B) La segunda objeción es el tema del pecado, pues si Dios controla todo, ¿qué relación tiene con el pecado? ¿Es Dios quien lo hace? Y aquí hemos de acudir, como siempre, a las Escrituras, las cuales nos indican varias cosas sobre el pecado y su relación con Dios. La primera es que Dios permite el pecado de acuerdo con Sus propósitos, y que todos los actos pecaminosos están bajo Su control, Gen. 45:8, Hec. 2:23. La segunda es que Dios refrena y controla el pecado, Sal. 76:10, lo cual nos hace concluir que cuando el pecado va en aumento no es porque el mundo sea más malo o esté fuera de control, sino porque Dios lo está permitiendo en Sus planes, Rom. 1:24, 28. La tercera es consecuencia de las anteriores, y es que Dios está por encima del poder del pecado, Gen. 50:20, y Sus planes se cumplen. Y la cuarta, es que Dios no causa el pecado ni tampoco lo aprueba; sólo lo permite, lo dirige, lo refrena, lo limita, y lo predomina. El pecado es siempre responsabilidad de la persona que lo hace, San. 1:12-15.

Podemos poner un ejemplo que ilustra este difícil tema: Nuestro cerebro, por medio del sistema nervioso, envía una señal para que nuestras piernas puedan moverse; pero si tenemos una pierna más corta que otra nuestro caminar será torcido. Esta torcedura no es achacable a la señal y energía que proceden del cerebro, sino a la mala condición de la pierna. De la misma manera, el hombre no puede ni siquiera pecar sin el consentimiento de Dios, pero la condición mala de la acción pecaminosa sólo es achacable a la perversa condición de la persona cuya intención está desviada de la norma. En otras palabras, el pecado puede considerarse como un acto físico que necesita del empleo de energía, y Dios es responsable de ella como dador de todo. Pero es una perversión moral donde el hombre es el único responsable en cuanto que abusa de la energía divina para un fin perverso. Así, la crucifixión de Cristo es un sacrificio expiatorio voluntario pero al mismo tiempo es el crimen mayor que se haya cometido, y fue el Padre quien dispuso y ordenó toda la trama, Hec. 2:23.

Y terminamos con dos conclusiones generales: 1) En la Biblia vemos que toda la providencia de Dios es por el bien de Su pueblo, para su santidad y justicia, Heb. 12:10-11, aunque a veces querríamos que fuese para nuestra felicidad presente, Rom. 8:28. Si no fuese por el pueblo elegido de Dios y Sus planes para con él todo sería destruido, y ciertamente lo será cuando el plan llegue a su fin. Este es un pensamiento reconfortante, y es que hasta los pecadores son mantenidos y preservados para el bien del pueblo de Dios.

2) La segunda conclusión es que hemos de ser muy prudentes al asignar cosas directamente a Dios, pues todos estamos dispuestos a hacerlo cuando nos pasa algo bueno, y podemos equivocarnos, y también cuando nos sucede algo malo, donde también podemos fallar. Hemos de tener en cuenta la gloria y el Nombre de Dios cuando afirmemos que algo concreto nos muestra la providencia de Dios. (Dios en el fútbol, cristianos alemanes antes de la 2a guerra mundial daban gracias a Dios porque Hitler era el enviado por Él, etc.)

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