Estudio

La Providencia

Una vez que hemos hablado de la Creación tenemos que detenernos en la doctrina de la providencia, pues si bien la primera consiste en dar existencia a algo que no la tenía antes, la segunda tiene que ver con la continuación de aquello que ha sido creado. Así que, Dios, mediante la creación, da existencia a las cosas y mediante Su providencia las mantiene, y todo en orden a Sus propósitos. Por tanto, esta doctrina no significa solamente que Dios tenga un conocimiento previo de lo que va a suceder, (eso es prever, o presciencia ) sino que Dios sigue haciendo, sigue ejerciendo una actividad continuada en todas las cosas desde que creó el mundo en el principio de los tiempos, (deriva de proveer).

Y es importante considerar esta doctrina, tal como todas las demás. Pero quizás lo sea aún más en el día de hoy, por varias razones. Siempre es importante estudiar las doctrinas, pero dependiendo de la época en que nos toca vivir, podemos decir que hay que destacar o prestar más atención a algunas. Así, la gran doctrina de los primeros siglos de la Iglesia fue todo lo concerniente a la persona de Cristo. En la época de la Reforma lo fue la de la justificación por la fe. Y hoy, quizás sea esta de la providencia la que más se necesita recalcar junto a una doctrina correcta sobre el Espíritu Santo. No es que sea más importante que la de la encarnación o la expiación, sino sólo que debemos prestarle atención.

Y debemos hacerlo por varias razones: la primera porque para muchos, dentro o fuera de la Iglesia, supone una piedra de tropiezo, y no son pocos los que dicen que mirando la situación del mundo o la suya propia le es imposible creer en un Dios de amor que lo controla todo; la segunda, porque, en el otro extremo, muchos son también los que dicen haber disfrutado de providencias especiales de Dios y hablan de ella demasiado a la ligera, como si tuvieran el conocimiento pleno de la voluntad de Dios; la tercera porque nuestra época científica rechaza todo lo que sea sobrenatural o milagroso, todo lo que pueda venir de un Dios y que no pueda ser explicado lógicamente; y la cuarta, porque ahora, y siempre, es necesario hablar de ella para entender mejor el porqué de la oración, ya que unos dicen que con la oración se puede “controlar” a Dios y otros dicen que no hace falta orar pues Dios ya sabe lo que ha de hacer.

Así que entramos a estudiar la providencia. Y de nuevo nos encontramos ante algo muy difícil e inescrutable por nosotros y algo donde la incredulidad o la falta de fe seguro que se equivocan. Por tanto, hemos de hacerlo con reverencia y humildad, yendo tan lejos como nos muestre las Escrituras, pero no más allá de ellas.

1) Y lo primero que hemos de decir es que la Biblia nos enseña muy claramente que Dios lo controla todo. Si no fuera así, no sería Dios, y cualquier persona, animal o circunstancia Le obligaría a cambiar Sus planes o incluso los desbarataría, Sal. 103:19; 104:1-4, 10-11, 14-15, 27-30. Esto es claro, y es contrario, por supuesto, al deísmo, (tema 5), esa forma de pensar que dice que Dios puso en marcha el mundo y se fue y se desentendió de él, y al panteísmo, que dice que Dios es todo y no se puede diferenciar de Su propia creación. Pero también es contraria al fatalismo que niega la voluntad y la responsabilidad humanas.

Así que la providencia queda clara en la Biblia en muchos pasajes y de forma directa, Exo. 14:19-20; 1o Sam. 6:10-12; 7:10; Jonás 1:17; Hec. 28:3-5. También es la que puede explicar todo lo relacionado con las profecías, las cuales indican que Dios controla todas las cosas para que aquello que se predice llegue a cumplirse. Es también lo que nos lleva a orar, pues si no creyéramos que Dios lo controla todo no tendría sentido que orásemos. Y es también la que argumenta y explica el tema de los milagros, intervenciones de Dios para que sucedan ciertas cosas que de modo natural no pasarían.

Esta es la providencia de Dios. Pero conviene dar una definición de la misma para que entendamos mejor qué es aquello a que nos referimos cuando hablamos de providencia, teniendo presente que para esta definición no hemos de apartarnos de la revelación bíblica. Pues bien, “la providencia hemos de entenderla como el ejercicio continuado de Dios mediante el cual sostiene a todas Sus criaturas, actúa en todo lo que ocurre en el mundo, y dirige todas las cosas hacia el final que les ha preparado”.

Hay, pues, tres elementos distintos en la providencia de Dios.

A) El primero es el de la preservación, “Dios sostiene a todas Sus criaturas”, y no sólo a ellas, sino a todas las cosas junto con las propiedades que les ha dado. Por ejemplo, es Dios quien sostiene el universo. Algunos dicen que Dios no destruye lo que ha creado, pero esto no es preservar; preservar tiene un carácter positivo de mantener. Y tampoco es que Dios esté continuamente creando. Todo lo creado existe pero su existencia es el resultado de la actividad continuada de Dios, Sal. 104:28-30; Hec. 17:28; Col. 1:17; Heb. 1:3. Es decir, no hay nada en el universo que pudiera seguir funcionando si Dios no lo sustentara.

B) El segundo elemento de la providencia es el de gobierno, “Dios actúa en todo lo que ocurre en el mundo”. Y lo hace porque tiene un objetivo y finalidad concretos. Él es el Rey de reyes y Señor de señores, Sal. 97:1, y todo está bajo Su control, Sal. 103:19, Isa. 40:15, Dan. 4:34-35 para que Sus propósitos se cumplan.

C) El tercer aspecto de la providencia es lo que se llama “concurrencia”, lo cual significa la cooperación de Dios y Su poder con el de los demás poderes establecidos por Él, sean personas, leyes de la naturaleza, etc., para que todo actúe de la forma que lo hace. Son las llamadas causas segundas (todo lo que sucede tiene una causa), en contraposición con las causas primeras que provienen de Dios, o la Causa Primera, que es Dios, de modo que aquéllas no actúan de forma independiente. Hay fuerzas y leyes de la naturaleza, pero dependen y están controladas por Dios, no están los dos al mismo nivel como dos bueyes que tiran de una carreta, (¡cuidado cuando hablamos de un “tiempo asqueroso”). Y aunque esto es también un misterio, así lo vemos en la Biblia: Amós 3:6; Mat. 5:45.

Esta que hemos hablado se conoce como providencia general de Dios. Pero también existe una providencia especial, que abarca a cada parte del universo, no sólo a éste como totalidad, sino también a ríos, árboles, animales, plantas, bacterias, microorganismos, moléculas, átomos, elementos, etc., a cada persona en particular con todas sus acciones buenas o malas, y, sobre todo, a los que forman parte de Su pueblo, por los cuales tiene un cuidado especial, (se llama providencia especialísima), Sal. 91:1- 4, 9-13; Sal. 23. Podemos ver varias citas que confirman esto: Efe. 1:11, (todas las cosas), Mat. 6:26, 10:29; Jonás 1:17; 2:10, (animales), Job 12:15-25, (naciones), 1o Sam. 16:1; Gal. 1:15-16, (destino de los hombres), Sal. 75:6-7, (éxitos o fracasos), Ester 6:1, (hechos insignificantes con grandes consecuencias), Sal. 4:8; 5:8, (preserva a los justos), Fil. 4:19, (provee para sus necesidades), Hec. 12:5, (responde a las oraciones), etc.

Y también existe una providencia extraordinaria, los milagros, en los que Dios obra, no en contra de las leyes de la naturaleza, sino por encima de ellas de forma sobrenatural. En la providencia normal Dios usa las causas segundas, pero en los milagros es Dios quien actúa directamente. Y hay muchas personas que niegan los milagros porque piensan que Dios está supeditado a Sus propias leyes, y otros sólo los admiten cuando pueden explicarlo de una forma natural, (paso del mar Rojo, como un viento por una zona de marismas; detenimiento del Jordán con Josué, como desbordamiento y cauce por otro sitio; muerte de Uza, por descarga eléctrica debido al rozamiento del oro, 2o Sam. 6:7, etc.).

2) Ahora vamos a decir algo sobre las dificultades que algunas personas tienen con respecto a esta doctrina de la providencia:

A) La primera es que Dios es demasiado grande para ocuparse de las pequeñas cosas nuestras de cada día, y que, además, las leyes de la naturaleza hacen que eso sea imposible. Pero la Biblia no dice eso, y nos muestra que Dios está interesado en cada pequeño detalle de nuestras vidas, y que desea que Su pueblo Le lleve en oración hasta las pequeñas cosas, Fil. 4:6.

B) La segunda objeción es el tema del pecado, pues si Dios controla todo, ¿qué relación tiene con el pecado? ¿Es Dios quien lo hace? Y aquí hemos de acudir, como siempre, a las Escrituras, las cuales nos indican varias cosas sobre el pecado y su relación con Dios. La primera es que Dios permite el pecado de acuerdo con Sus propósitos, y que todos los actos pecaminosos están bajo Su control, Gen. 45:8, Hec. 2:23. La segunda es que Dios refrena y controla el pecado, Sal. 76:10, lo cual nos hace concluir que cuando el pecado va en aumento no es porque el mundo sea más malo o esté fuera de control, sino porque Dios lo está permitiendo en Sus planes, Rom. 1:24, 28. La tercera es consecuencia de las anteriores, y es que Dios está por encima del poder del pecado, Gen. 50:20, y Sus planes se cumplen. Y la cuarta, es que Dios no causa el pecado ni tampoco lo aprueba; sólo lo permite, lo dirige, lo refrena, lo limita, y lo predomina. El pecado es siempre responsabilidad de la persona que lo hace, San. 1:12-15.

Podemos poner un ejemplo que ilustra este difícil tema: Nuestro cerebro, por medio del sistema nervioso, envía una señal para que nuestras piernas puedan moverse; pero si tenemos una pierna más corta que otra nuestro caminar será torcido. Esta torcedura no es achacable a la señal y energía que proceden del cerebro, sino a la mala condición de la pierna. De la misma manera, el hombre no puede ni siquiera pecar sin el consentimiento de Dios, pero la condición mala de la acción pecaminosa sólo es achacable a la perversa condición de la persona cuya intención está desviada de la norma. En otras palabras, el pecado puede considerarse como un acto físico que necesita del empleo de energía, y Dios es responsable de ella como dador de todo. Pero es una perversión moral donde el hombre es el único responsable en cuanto que abusa de la energía divina para un fin perverso. Así, la crucifixión de Cristo es un sacrificio expiatorio voluntario pero al mismo tiempo es el crimen mayor que se haya cometido, y fue el Padre quien dispuso y ordenó toda la trama, Hec. 2:23.

Y terminamos con dos conclusiones generales: 1) En la Biblia vemos que toda la providencia de Dios es por el bien de Su pueblo, para su santidad y justicia, Heb. 12:10-11, aunque a veces querríamos que fuese para nuestra felicidad presente, Rom. 8:28. Si no fuese por el pueblo elegido de Dios y Sus planes para con él todo sería destruido, y ciertamente lo será cuando el plan llegue a su fin. Este es un pensamiento reconfortante, y es que hasta los pecadores son mantenidos y preservados para el bien del pueblo de Dios.

2) La segunda conclusión es que hemos de ser muy prudentes al asignar cosas directamente a Dios, pues todos estamos dispuestos a hacerlo cuando nos pasa algo bueno, y podemos equivocarnos, y también cuando nos sucede algo malo, donde también podemos fallar. Hemos de tener en cuenta la gloria y el Nombre de Dios cuando afirmemos que algo concreto nos muestra la providencia de Dios. (Dios en el fútbol, cristianos alemanes antes de la 2a guerra mundial daban gracias a Dios porque Hitler era el enviado por Él, etc.)

CAD-IBVH

La Creación del Mundo

Anteriormente hemos estado considerando los planes eternos de Dios y la creación de esos seres invisibles que llamamos ángeles. Ahora, siguiendo en el tiempo, vamos a detenernos en la creación de las cosas visibles, los cielos y la tierra y todo cuanto en ellos hay. Y lo primero que vamos a hacer es resaltar una serie de

A) Aspectos generales: Son varios los que vamos a considerar.

  1. En primer lugar hemos de tener en cuenta que no encontramos en la Biblia un relato detallado de la creación que satisfaga todas nuestras curiosidades y, sin embargo, creemos que lo que se dice de ella es completamente cierto y preciso. Recordemos que hemos aceptado la inerrancia e infalibilidad de las Escrituras, así como su inspiración verbal y plenaria, sin las cuales, nada tiene sentido. Y la Biblia nos indica que fue Dios quien hizo las cosas, Heb. 11:3, y fue Dios quien se las reveló a Moisés o a otra persona. El relato que tenemos no son ideas o teorías humanas.
  2. En segundo lugar hemos de entender lo que significa la creación, que no es más que el acto libre de Dios por medio del cual produjo todo el universo visible e invisible, sin el uso de un material preexistente, dando existencia distinta a la de Dios pero dependiendo de Él. Algunos dicen que la materia es eterna; otros defienden la generación espontánea; otros dicen que la materia es una emanación de Dios, o que la vida en la tierra viene del universo, o que la propia materia ya es Dios, (panteísmo), etc. Pero la Biblia es clara en este sentido: Dios creó, y todas las cosas que existen dependen de Él, Col. 1:17.
  3. En tercer lugar indicamos que la Biblia no da una razón para la creación. No sucedió por una necesidad de Dios, no fue por el amor de Dios. Fue un acto libre de Su voluntad, fue para Su gloria, pero en última instancia, no sabemos la razón. Recordemos que Dios es bienaventurado, perfecto, sin necesidades, autosuficiente, no obligado a nada, feliz en Sí mismo y que se complace en Sí mismo.
  4. Y, en cuarto lugar, no existen dos relatos distintos de la creación como indica la Alta Crítica, Gén. 1 y 2. En el capítulo uno tenemos la obra completa, y en el segundo la narración se centra en el hombre.

Ahora vamos a pasar a considerar los aspectos particulares sobre lo que la Biblia enseña de la creación.

B) Aspectos particulares: Son varios:
1) La Biblia nos dice que la creación fue la obra de un Dios Trino, no sólo del Padre, Gen. 1.1, Heb. 11:3; las citas de Juan 1:3, 1a Cor. 8:6, Col. 1:16 hacen referencia al Hijo, y Gen. 1:2, Isa. 40:12-13 hacen referencia al Espíritu Santo. Alguien ha dicho que el ser está en el Padre, la idea en el Hijo y la vida en el Espíritu.

2) La Biblia también nos dice que el tiempo comenzó con la creación, Gen. 1:1. En otros lugares se nos indica que Dios es eterno, que está fuera del tiempo, pero el mundo y el tiempo comenzaron juntos, hubo un principio. Ahora bien, si preguntamos ¿qué había antes? o ¿ por qué comenzó este tiempo?, nuestra única respuesta es que no lo sabemos.

3) Hemos de considerar también las palabras distintas que se usan para la creación. Primero está la palabra “bará”, que significa traer a la existencia algo sin la ayuda de un material preexistente. Está en Gen. 1:1, 21, 27; 5:1-2. Y siempre que se usa hace referencia a la actividad de Dios que crea de la nada. La segunda palabra usada es “asah”, que significa preparar algo de otra cosa que ya existía, y la tercera es “yatsar” cuyo significado es similar al anterior, configurar un material preexistente. Son las que se usan en Gen. 1:7, 16, 25-26, 31, y Gen. 2:7, respectivamente.

4) Ahora diremos algo sobre la interpretación de los dos primeros versículos de Génesis. ¿Qué ocurrió?. Y hay dos respuestas para ello: una dice que se está describiendo el mismo proceso, y otra, “la teoría de la brecha”, indica que entre ambos versículos hay una brecha de tiempo. En esta idea habría una creación original que se estropeó por la caída de Satanás y sus ángeles y Dios tuvo que comenzar de nuevo. Se propuso esta teoría en el siglo XIX para poder explicar las edades que los geólogos daban a los estratos y la tierra, aunque no había ni hay ningún problema teológico para aceptar la idea de una sola creación. Podemos leer más sobre esto en “Síntesis del Antiguo Testamento”, y aunque hay hermanos que se decantan por la segunda, creemos que la primera es la correcta.

5) Fijémonos ahora en lo que sucedió cada día. En el primero se creó la luz, que no es la del sol, 1:3-5. La luz tiene su origen en Dios, y no sabemos si procedía de algún sitio o era una incandescencia etérea. Con ella se produjo una separación: luz y tinieblas, día y noche, tarde y mañana.

En el segundo día también hubo una separación, 1:6-8: se estableció el firmamento al separar las aguas que estaban sobre la expansión y debajo de ella. La expansión es el firmamento, las aguas “sobre” son las nubes y el vapor de agua, y las agua “debajo” son los mares.

En el tercer día se separó la tierra seca y se creó el reino vegetal, 1:9-13, con tres tipos: hierba, vegetales con semillas, y árboles con frutos. Y aquí vemos que “Dios lo hizo”, y que los hizo “según su género”, v.12, lo cual significa que las especies están separadas y que no evolucionaron entre sí; mucho menos que surgieron por generación espontánea.

En el cuarto día fueron creados el sol, la luna y las estrellas, 1:14-19, con los cuales ya se dividía el día de la noche tal como vemos ahora, e iban a servir de “señales para las estaciones, para días y años”.

En el quinto se crean los pájaros y los peces, 1:20-23, y de nuevo leemos en el versículo 21 “según su género” y “según su especie”.

En el sexto se crean los animales, 1:24-27, también según “su género “ y según “su especie”, vv. 24 y 25, y, finalmente, se crea al hombre. Hay un paralelismo entre los días primero y cuarto, (creación de la luz y creación de las lumbreras), segundo y quinto, (creación del firmamento y separación de las aguas, y creación de pájaros y peces), y tercero y sexto, (separación de la tierra seca y creación de la vegetación, y creación de animales terrestres y del hombre).

Finalmente, en el séptimo día, se nos dice que Dios descansó y contempló Su obra, la cual le produjo satisfacción, Gen. 1:31.

6) Debemos decir algo también sobre el significado de la palabra “día”. Hay dos ideas principales: la primera es que hace referencia a un día de 24 horas, y la segunda es que son grandes períodos de tiempo. En este tema hay también desacuerdo entre cristianos. Mi postura es que son días de 24 horas, aunque reconozco que esto no explica todos los problemas, pero son mucho más los que surgen con la otra interpretación. (Otra idea es la de que los tres primeros días fueron de millones de años y los restantes de 24 horas, pero no es lógico que esto fuera lo que tenía Moisés en mente cuando escribió.

Las pruebas para esta interpretación de 24 horas son las siguientes:

El mismo Señor Jesucristo se refiere a este relato de la creación en forma literal, no figurada ni alegórica, Mat. 19:4. Es el significado principal de la palabra hebrea. Tenemos la repetición de “la tarde y la mañana”. Las plantas no podrían existir sin sol o sin luz durante millones de años. Es la misma palabra que se usa cuando a partir del cuarto día ya hay sol y luna. Se habla del día de descanso de Dios, 2:2-3, el cual Moisés ya tiene pendiente cuando habla de los primeros seis días, y esto tiene una importancia fundamental en toda la Biblia; Exo. 20:8, 11, Deu. 10:1-4, refiriéndose siempre a 24 horas, y debiéndose resaltar que estas palabras fueron las únicas escritas por el mismo Dios..

Pero repito, hay otros cristianos que defienden la otra idea, y damos gracias a Dios porque nuestra salvación no depende de esto.

7) Finalmente, habremos de decir algo también sobre lo que nos indica la ciencia moderna y la teoría de la evolución. En primer lugar, hemos de tener claro que este conflicto se exagera mucho, porque a veces se presenta como ciencia lo que no son más que simples conjeturas y suposiciones, al mismo tiempo que se considera como bíblico algo que no es enseñanza de la Biblia. Por tanto, en estos casos no es difícil tener un conflicto entre ambas cosas. Lo que sí es interesante destacar es la gran diferencia que existe entre el relato bíblico de la creación, de acuerdo con evidencias científicas al menos en el orden de la creación, y los relatos de otras culturas llenos de mitos, supersticiones y cosas absurdas. También hay que resaltar que los descubrimientos sobre los grupos sanguíneos o sobre el origen de las lenguas no dan lugar a dudas sobre la procedencia de toda la humanidad de una sola pareja, Hec. 17:26.

Algunos, para poder explicar el tema de los estratos geológicos y la edad de la tierra, han afirmado que Génesis 1-11 es un mito, una alegoría, una poesía, etc., pero no hay rastro de indicios que dejen ver esto. Lo que se recogen son hechos históricos, y la historia que proviene de esos hechos es historia real. Tampoco son un relato que encierren una verdad religiosa, porque de ahí arrancan todas las doctrinas de la Biblia, y el mismo Señor hizo referencia a ellos cuando habló sobre el divorcio o sobre el diluvio. Y hemos de tener cuidado de que no nos suceda que al intentar resolver un problema se cree otra dificultad más grave.

En este sentido, no puedo entender a cristianos que niegan la inspiración verbal y plenaria de la Biblia en estos capítulos, (tema de los géneros y especies), aunque la afirman en el resto, por seguir defendiendo determinadas posturas “científicas” que dentro de unos años serán otras. El hacer esto supone erigirnos como jueces de la Biblia y lleva, normalmente, a negar otras porciones que no están de acuerdo con los planteamientos iniciales de quienes lo hacen, buscando lecturas e interpretaciones que confirmen lo que ellos dan por sentado. Esto es muy peligroso.

No es momento de extendernos en estos asuntos, pero hemos de indicar que la caída del hombre pudo producir tal cataclismo sobre la tierra, (diluvio, cambio en la orientación del eje, confirmada hoy con los grandes terremotos, cambio de climas, cambio en condiciones atmosféricas, etc.) que pueden explicarse las evidencias y pruebas que se tienen hoy día. Así que hemos de tener claro cuando se dice “la ciencia ha descubierto esto o lo otro” si se está dando un hecho o se está defendiendo una postura o teoría. Al mismo tiempo, los cristianos hemos de tener cuidado de no negar los hechos evidentes y caer en el oscurantismo, (tenemos el caso de Galileo cuando dijo que la tierra no era el centro del sistema solar con el sol girando alrededor de ella, a lo cual se oponían con el Sal. 19:4-6, aunque era la iglesia oficial la que lo hacía ), pero hemos de recordar que los científicos, son seres caídos, pecaminosos, y dispuestos a falsear lo que sea con el fin de obtener prestigio, dinero, o ambas cosas. No son los científicos infalibles ni sin pecado o prejuicios.

En cuanto a la teoría de la evolución, no hay una única teoría, y entre los científicos hay mucho desacuerdo. La evolución gradual de unas especies a otras cada vez es menos defendida, y se está abriendo paso la que habla del “equilibrio puntuado”, (saltos entre las especies con muy pocos fósiles para poderlo constatar). También desde hace unos diez años se defiende la teoría del “diseño inteligente”, la cual se basa en los órganos irreductiblemente complejos cuya existencia no puede explicarse mediante la evolución, y es algo intermedio entre la evolución y la creación.

En estos temas hay científicos cristianos que saben poco de teología, y teólogos cristianos que saben poco de ciencia, y unos y otros se equivocan en los campos que no dominan. Lo que es claro es que los cristianos no podemos creer en la evolución atea que defiende la vida como generada por sí misma y la secuencia interminable de unos seres que se transforman en otros gradualmente y con mucho tiempo. Pero hay cristianos que defienden la evolución teísta aunque, como he dicho, se meten en líos que simplemente obvian o echan a un lado, negando la inspiración de las Escrituras. (Francisco Lacueva la apoyó en su “Curso de Formación Teológica Evangélica” para luego ir en contra en su libro “Curso práctico de Teología Bíblica”, escrito cuando ya tenía 85 años).

Hemos de tener en cuenta que son sólo teorías, y cuando alguien venga con esa palabra, “evolución”, podéis preguntar a cual de ellas se refiere. No es lo mismo microevolución o adaptación, que es probada y por todos es admitida, que macroevolución, que no es probada y se basa en suposiciones.

Algunos científicos evolucionistas han dicho, con más o menos estas palabras: “La evolución es increíble, pero como la alternativa que tengo para la misma es la creación, sigo creyendo en la evolución”. Además, a cualquiera que hoy día niegue la evolución se le cataloga de retrógrado, pero en cambio no se deja que las ideas antievolucionistas se propaguen. Recientemente, en una universidad española se prohibieron unas conferencias sobre la creación, lo cual no tiene sentido si lo que se va a decir es falso y se pueden mostrar las evidencias. Hay pues mucho prejuicio en el tema, y no estamos ante un problema científico, sino ante un antagonismo hacia Dios que arrastra también a muchos cristianos, los cuales pierden todo el carácter que deberían tener cuando enfrentan estas cosas, mostrando esos mismos prejuicios y tendencia partidistas que muestran los no creyentes.

La Biblia siempre ha sido atacada, y no podemos comprometer la verdad de Dios por una teoría. Puede que llegue el día en que esas y otras teorías que contradicen la Biblia sean reemplazadas por otras, pero nosotros debemos seguir aferrados a esta Palabra, de la cual el mismo Señor dijo: “el cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán”, Mat. 24:35, o también, “ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido, Mat. 5:18.