Tema 9: La Trinidad

LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

Hemos estado considerando los Nombres de Dios, y a través de ellos nos hemos percatado de la riqueza de enseñanza que encierran. Esos Nombres, hemos dicho, nos permiten conocer más a Dios. Y ahora llegamos a la que es la más importante doctrina respecto al Ser de Dios, pero también a la que es la más misteriosa y difícil de todas: la doctrina de la Santísima Trinidad. Y aquí podemos recordar lo que dijimos días antes en cuanto a nuestra dependencia de la revelación de Dios para poder conocerle. Si Dios no nos hubiese hablado de esta doctrina, no habría persona alguna que se la hubiera inventado. Esta doctrina viene en la Biblia y nada más que en la Biblia, y aunque haya muchas religiones y muchos dioses, nadie nunca ha podido decir esto acerca de Dios porque nadie nunca ha podido pensar esto, y lo que sabemos es porque Dios ha querido mostrarlo.

Por tanto, y también como hemos indicado en otras ocasiones, debemos tener, cuando nos acercamos a ella, el mismo sentimiento que tuvo Moisés ante la zarza, y debemos percatarnos que “el lugar a que nos acercamos es tierra santa”. Nos estamos acercando, pues, al misterio de los misterios, al Dios que no podemos expresar ni comprender, y ante lo que ese Dios nos ha dicho de Sí mismo.

Y una cosa más acerca de esta doctrina que debemos indicar: La Trinidad es la doctrina más distintiva de la fe cristiana. El Dios de la Biblia no es ni parecido, como dicen algunos, al dios del Islam, aunque ambas religiones se declaren monoteístas: en un caso tenemos a un dios concebido en la mente humana; en el otro, a un Dios ante el que nos quedamos asombrados por Su misterio. Por tanto, hemos de considerar esta doctrina de la Trinidad, por más difícil que sea, porque a Dios le ha placido decirnos esto acerca de Sí mismo, y nuestra obligación es saber todo lo que nos ha dicho.

Y nos podemos preguntar: ¿por dónde empezamos? Y aquí también creo que es bueno decir algo, aunque sea negativo: no podemos enfocar esta doctrina en términos de filosofía o de nuestros propios pensamientos, pues estamos ante un gran misterio que no podemos comprender y lo único que podemos hacer es admitirlo. Y es que muchos han puesto ejemplos para que entendamos esto de que los tres son uno: el agua en sus tres estados, el sol con su luz y calor, la tierra con la semilla y la flor, etc. Y así, han dicho: se ve la unidad y sin embargo también la división; los tres son uno y uno es los tres. Pero aunque hay buena intención con los mismos, resultan peligrosos porque no hay nada que conozcamos que sea semejante a esta doctrina, con lo cual podemos hacernos una imagen falsa de Dios. Así que estamos ante un gran misterio que no podemos explicar ni concebir; sólo podemos admitirlo, mirarlo con asombro, con temor, con reverencia, con adoración, y admirarnos ante él.

En cierto modo, cuando hemos hablado del amor como uno de los atributos de Dios, cuando hemos dicho que la Biblia nos indica que “Dios es amor”, surge esta doctrina de la pluralidad de personas en Dios, porque si Dios es eterno y ha tenido amor eterno, entonces siempre ha amado, y antes de la creación del mundo ha tenido que amar, lo cual casi nos lleva a la Trinidad, es decir, a lo que la Biblia enseña, que las tres personas de la Trinidad se han amado entre sí perfectamente desde la eternidad.

Y ahora vayamos a lo que nos dice la Biblia, y lo que resaltamos primero es lo que no nos dice. En ninguna parte de la Biblia hay una afirmación que diga que Dios son tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pero de forma implícita esta doctrina se encuentra tanto en el A.T. como en el N.T., y se sugiere en muchos sitios que, a primera vista, son inesperados para nosotros.

A) Lo primero que vamos a mencionar es que la doctrina de la Trinidad no significa que haya tres Dioses. Es el llamado “triteísmo”, el cual es lo contrario del “unitarismo”, que indica que en Dios sólo hay una persona y que el Hijo y el Espíritu Santo no son divinos. Fijémonos lo fácil que es desviarnos cuando nos dejamos llevar por nuestros razonamientos en este tema. Y así, unos y otros se culpan de sendos errores. Pero repito: el cristianismo no es triteísta, y esta unicidad de Dios se repite por todo el A.T., Deu. 6:4, confirmado por el Señor en Mar. 12:29. (la palabra “dioses” que aparece en la Biblia se refiere a ídolos, Isa. 42:17, a los jueces, Exo. 22:28, a los que vino la palabra de Dios, Sal. 82:6 y Juan 10:34, y al mismo Satanás, 2a Cor. 4:4). Era el mensaje que se repetía constantemente a los hijos de Israel, pues eran ellos los únicos que poseían tal revelación, y la tenían en medio de naciones paganas con una gran variedad de dioses y diosas. El problema en la época del A.T. era el politeísmo, y la nación de Israel recibe el encargo de proclamar la unidad de Dios y el hecho de que sólo existe un Dios.

También en el N.T. tenemos declaraciones en este sentido: Juan 10:30 (no dos, sino “uno” somos); Juan 5:44; 17:3; Rom. 3:30; 16:27; Gal. 3:20; 1a Tim. 1:17; San. 2:19, hacen referencia a lo mismo. Y, por tanto, aunque no entendamos esta doctrina de la Trinidad, hemos de decir que no creemos en tres dioses, aunque seamos tentados a veces a ello.

B) Una vez asentado este primer principio, una vez admitido que Dios en Su naturaleza es uno, hemos de decir que, sin embargo, existe como tres personas. Y ya nos estamos metiendo en problemas, ¿no es cierto? Porque ¿cómo pensamos en uno que son tres? Y creo que aquí tenemos un problema con el mismo lenguaje, con las palabras que usamos, porque cuando hablamos de personas tenemos en mente a individuos separados. En cambio, la Biblia usa esta palabra y la usa con un significado distinto, porque sigue diciendo que Dios es uno. Y esto no se entiende; yo no lo entiendo y nadie puede entenderlo, y aunque las mentes más grandes de la historia de la Iglesia lo han intentado, nadie ha podido, lo cual se ilustra con aquella historia del niño que hizo un pequeño pozo a la orilla del mar y quería meter toda el agua de ese mar dentro del pozo. No se puede, y lo único que podemos decir es que Dios es uno pero existe como tres personas.

En la Confesión de Fe de Westminster, capítulo 2, III, se nos indica: “En la unidad de la Divinidad hay tres personas, de una misma sustancia, poder y eternidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo”.

C) Veamos ahora algunas citas bíblicas que confirman esto que decimos:

Juan 1:1: parece una contradicción, pero es cierto. El Verbo era con Dios y el Verbo era Dios. El Verbo es Dios como el Padre es Dios, pero no hay dos dioses.

Juan 10:30; Rom. 9:5; Col. 2:9; Tito 2:13; todas estas citas muestran que no sólo el Padre es Dios, sino que el Hijo es Dios.

También aparecen en los Evangelios atributos que pertenecen a Dios y que se adscriben al Señor Jesucristo: la eternidad, Juan 8:58, la vida en Sí mismo y el poder de otorgarla, Juan 5:26; 17:2; la inmutabilidad, Heb. 13:8; la omnipotencia, Mat. 28:18; la omnipresencia, Mat. 28:20; la omnisciencia, Juan 2:25; conocía los pensamientos de las personas, Juan 1:48; por medio de Él fueron creadas todas las cosas, Col. 1:15-16; todas subsisten por Él, Col. 1:17; Él será el Juez, Juan 5:27, es el soberano, el primero y el último, quien puede perdonar pecados, a quien dijo Tomás “Señor (kyrios, Adonai) mío y Dios mío”, etc. Por eso decimos que el Padre es Dios y que el Hijo es Dios.

Pero también se habla de que el Espíritu Santo es Dios, no una fuerza activa como dicen algunos (pues enseña, capacita, juzga, convence, comunica, manda, prohíbe, pide, se le puede resistir y entristecer, etc): Hec. 5:3-4; puede haber una blasfemia contra Él, Mat. 12:31; tenemos la fórmula del bautismo, Mat. 28:19; la bendición apostólica, 2a Cor. 13:14; se le llama “el otro” Consolador, Juan 14:16. Es omnipresente, Sal. 139:7, omnisciente, 1a Cor. 2:10-11, omnipotente, Isa. 11:2, eterno, Heb. 9:14, creador, Job 33:4, etc.

Evidentemente hay muchos hoy día y a lo largo de la historia que han rechazado esto por no entenderlo, (sólo lo aceptan aquellos a los que ha sido revelado, Juan 5:18) y hay muchos que intentan explicarlo diciendo que no hay tres personas, sino que son distintas formas de revelarse el único Dios, que unas veces lo hace como Padre, otras como Hijo, y otras como Espíritu Santo, de igual modo que un hombre puede ser padre, marido y predicador. Pero no es esto lo que enseña la Biblia: no es un único Dios que se manifiesta en tres formas, ni son tres dioses; son tres personas divinas, y vemos que el mismo Cristo habló de las otras dos personas no refiriéndose a Sí mismo. Incluso hay pasajes donde se nombran a las tres juntas: Luc. 1:26-38; Mat. 3:13-17; Juan 15:26, Efe. 2:18, 1a Ped. 1:2, y de nuevo podemos recordar la fórmula bautismal y la bendición apostólica, Mat. 28:19, 2a Cor. 13:14.

También en el A.T. hay mucha enseñanza acerca del Hijo y acerca del Espíritu Santo, pero como cualquier otra doctrina, ésta de la Trinidad se encuentra más velada y oscura en dicho A.T., sobre todo por el peligro que había del politeísmo, Isa. 6:1, 9-10 y Juan 12:39-41; Isa. 48:16-17; 49:7. Podemos decir que a Dios le interesaba en aquella época fijar definitivamente la idea de que es Uno. Además, para aquel entonces aún no había venido el Hijo encarnado ni se había enviado al Espíritu Santo, y sólo después de ambos sucesos es cuando estamos más en disposición de admitir esta doctrina misteriosa.

Pero podemos ver también algunas citas: Recordamos el Nombre Elohim, (hemos de saber que en hebreo existían palabras distintas para designar a números de personas distintas: el singular es para “uno”, el dual para “dos”, y el plural para “más de dos”, y ya dijimos que la Palabra Elohim denota pluralidad); vemos Gen. 1:26; 3:22, donde se vislumbra la Trinidad; 11:7; Isa. 6:8; 44:6; recordemos también cuando hablamos de las teofanías cuando se revelaba el Ángel del Pacto, que no era la encarnación del Hijo, sino apariciones; Gen. 1:2, en relación con el Espíritu; Exo. 31:2-5, etc. Por tanto podemos concluir que hay una riqueza de enseñanza respecto a esta doctrina de la Trinidad tanto en el A.T. como en el N.T.

D) Un aspecto final de esta doctrina es considerar la relación que existe entre las tres personas. ¿Cuál es esa relación? Y la respuesta que nos da la Biblia es que las tres son coeternas, no están subordinadas entre ellas. Y cuando al Hijo se llama Hijo no se indica que sea menos que el Padre; es igual que el Padre, aunque distinto, Heb. 1:3. En el Credo Atanasiano tenemos la siguiente definición: “El Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios; y, sin embargo, no hay tres Dioses sino un Dios. El Padre es el Señor, el Hijo es el Señor, el Espíritu Santo es el Señor, y, sin embargo, no hay tres Señores, sino un solo Señor. Puesto que la verdad cristiana nos obliga a reconocer que cada persona por sí misma es Dios y Señor, la misma verdad nos prohíbe decir que hay tres Dioses o tres Señores”. Y no podemos ir más allá de esto, porque es un gran misterio.

Sin embargo, y es algo muy importante y glorioso que tiene multitud de enseñanza en otros aspectos de la fe cristiana, aunque las tres Personas son iguales y coeternas, para el plan de salvación tenemos lo que se ha llamado “la economía de la Trinidad”. Es decir, se hace una división entre las personas en relación con la obra de salvación, y hay una especie de reparto de tareas: El Padre crea y elige; el Padre planea la salvación, aunque lo hace con el Hijo y el Espíritu; el Padre envía al Hijo para que haga posible esa salvación; y el Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo para que aplique la salvación.

Y esto también es asombroso, que las tres Personas de la Bendita Trinidad hayan dividido Su obra para nuestra salvación, que el Hijo se haya puesto a disposición del Padre, y que el Espíritu se haya puesto a disposición del Padre y del Hijo. El Espíritu no habla de Sí mismo, sino que glorifica y testifica del Hijo. El Hijo no habló de Sí mismo, sino que recibió Sus palabras y Su obra del Padre, aunque era igual y eterno. Esta es la Trinidad económica. Había una especie de división en la labor, y sin embargo, una unidad en el propósito y una unidad en el desempeño del mismo. No olvidemos que todo lo que se atribuye a Dios se atribuyen a las tres personas, aunque sea una la que en cada momento resalte más, 2a Cor. 5:19.

Terminamos recordando que esto no cabe en nuestras mentes. Es el mayor misterio de la Biblia y de la fe cristiana. A nosotros nos corresponde, como hijos humildes, recibir esta verdad tal como se nos ha revelado, y caer en admiración, asombro y adoración, Ecl. 4:12. Está por encima de nosotros, pero es cierto, y es especialmente cierto para nuestra salvación.

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