3 de octubre

Al que nos ama y que por su sangre nos ha librado de nuestros pecados.

Fuerte es el amor, como la muerte, Ni las muchas aguas pueden apagarlo, ni los ríos pueden extinguirlo.Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados. En él tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de la gracia… ya han sido lavados, ya han sido santificados, ya han sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios. Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.

Apo  1:5 Cant  8:6,7 Juan 15:13 I Ped 2:24 Efe 1:7 I Cor  6:11 I Ped 2:9 Rom 12:1


Hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.

Azmavet tenía a su cargo los tesoros del rey; y Jonatán los tesoros de los campos. Y Ezri de los que trabajaban en la labranza de las tierras. De las viñas, Simei ramatita; y del fruto de las viñas para las bodegas, Zabdi sifmita. Todos estos eran administradores de la hacienda del rey David. Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

I Cor 12.5 I Crón. 27.25-27,31 I Cor 12.28, 11 I Ped 4.10-11

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