Luz Diaria para Andar Diario

1 de octubre

El fruto del Espíritu es… templanza.

Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre. Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado. No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu. Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. No debemos, pues, dormirnos como los demás, sino mantenernos alerta y en nuestro sano juicio. Los que duermen, de noche duermen, y los que se emborrachan, de noche se emborrachan. Nosotros que somos del día, por el contrario, estemos siempre en nuestro sano juicio, protegidos por la coraza de la fe y del amor, y por el casco de la esperanza de salvación. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio, mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.

Gál  5:23 I Cor  9 :25-27 Efe  5:18 Mat  16:24 I Tes  5:6-8 Tit. 2:12,13


Crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.

Primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga. Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos. Mas el que se gloría, gloríese en el Señor; porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba. El cuerpo es de Cristo. Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Efe  4.15 Mrc. 4.28 Efe  4.13 II Cor. 10.12,17-18 Col 2.17-19 II Ped. 3.18

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