20 de septiembre

Bienaventurado el hombre que halla sabiduría y el hombre que adquiere entendimiento.

Porque el que me halla, halla la vida, y alcanza el favor del Señor. Así dice el Señor: No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza; mas el que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues yo soy el Señor. El principio de la sabiduría es el temor del Señor, y el conocimiento del Santo es inteligencia. Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo. En quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Mío es el consejo y la prudencia, yo soy la inteligencia, el poder es mío… Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención. El fruto del justo es árbol de vida, y el que gana almas es sabio.

Prov 3:13; 8:35 Jer 9:23,24 Prov 9:10 Fil 3:7,8 Col  2:3 Prov 8:14 I Cor  1:30 Prov 11:30

Pobres, pero enriqueciendo a muchos.

Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos. Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. Mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra. ¿No escogió Dios a los pobres de este mundo para ser ricos en fe y herederos del reino que El prometió a los que le aman? no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzara lo que es fuerte. Tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros.

II Cor 6:10 II Cor 8:9 Juan 1:16 Fil  4:19 II Cor  9:8 Stg 2:5 I Cor 1:26,27 II Cor 4:7

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