18 de septiembre

Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley.

Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras. A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no se les ha concedido. Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado gratuitamente. ¡Cuán preciosos también son para mí, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán inmensa es la suma de ellos! Si los contara, serían más que la arena; al despertar aún estoy contigo. ¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pues, ¿Quién ha conocido la mente del Señor?, ¿O quién llegó a ser su consejero?, Porque de El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la gloria para siempre. Amén.

Sal 119:18 Luc 24:45 Mat 13:11; 11:25,26 I Cor 2:12 Sal 139:17,18 Rom 11:33,34,36


En-hacore (o El pozo de aquel que clamó).

Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a El, y El te hubiera dado agua viva. Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. Pero El decía esto del Espíritu, que los que habían creído en El habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado. Traed todo el diezmo al alfolí, para que haya alimento en mi casa; y ponedme ahora a prueba en esto–dice el Señor de los ejércitos–si no os abriré las ventanas del cielo, y derramaré para vosotros bendición hasta que sobreabunde. Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piDan Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre! Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

Jue. 15:19 Juan 4:10; 7:37,39 Mal 3:10 Luc  11:13,9 Gál  4:6 Rom 8:15

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s