TEMA 8 – LOS NOMBRES DE DIOS.

Estamos estudiando unas doctrinas muy elevadas: el Ser de Dios y Sus perfecciones; y lo hacemos con un propósito muy práctico: deseamos conocer a Dios no simplemente para tener más información de Él, sino para que nuestras vidas se ajusten a Él y a Su plan para nosotros, para que podamos adorarle verdaderamente, para que podamos tener comunión con Él y para recibir Su bendición. Y hemos dicho que la historia de la Iglesia a lo largo de los siglos muestra que cuando se ha pasado por alto esta enseñanza o algunas de las grandes doctrinas se han introducido errores, herejías y problemas, tanto en las vidas individuales de las personas como en la propia vida de la Iglesia.

Pues bien, siguiendo con la Verdad acerca de Dios mismo, lo siguiente en que nos vamos a detener es en los Nombres de Dios. También Dios ha querido revelarse de este modo, aplicándose Nombres especiales que nos muestran algunos aspectos más de Su Persona y Su carácter. Cada vez que Dios se da un Nombre está centrando nuestra atención en un aspecto de Su propio Ser, en algo que desea resaltar de Su propia personalidad de forma concreta y específica.

En la antigüedad, el nombre de la persona tenía que ver con su carácter, (Nabal, insensato, 1o Sam. 25:25) o con algo relacionado con él o que los padres querían relacionar, (Jacob, “el que toma por el calcañar”, Gen. 25:26; Samuel, “pedido a Dios; Dios ha oído”, 1o Sam. 1:20). Y así, al conocer el nombre se estaba conociendo al mismo tiempo algo de la propia persona, (Israel, “el que lucha con Dios”, Gen. 32:28). Por eso hay ciertas personas en la Biblia que le preguntan el Nombre a Dios, para saber algo de Él. Recordemos el caso de los padres de Sansón, Jue. 13:17-18, o el de Jacob en Peniel, Gen. 32:29, cuando venía a encontrarse con su hermano y estuvo luchando con alguien que él intuía que era especial, y quería saber algo más de él.

El Nombre, pues, de Dios, representa algo del carácter de Dios, y no debemos caer en el absurdo de los Testigos de Jehová que dicen que ellos son los auténticos seguidores de Dios porque son los únicos que llevan Su Nombre. En el Sal. 22:22 y Juan 17:6, 26 queda claro que mostrar el Nombre de Dios es decir la Verdad acerca de Dios mismo, es mostrar algo de Dios de forma que pueda ser entendida y asimilada por nosotros. Por eso nos vamos a detener en esos Nombres de Dios.

1) El primer Nombre es El, o Elah, que significa el primero, el Ser supremo, y está asociado a la idea de fuerza y poder, de fortaleza.

2) El siguiente es Elohim, que está en forma plural. Es un plural mayestático (relativo a la majestad) que viene a sintetizar todas las perfecciones de Dios, insinuando la presencia en Dios de varias personas, aunque con el adjetivo en singular. Lleva unida la idea de que Dios es alguien que debe temerse, a la vez que es alguien muy poderoso, y es el Nombre que usa Dios para referirse a Sí mismo, sobre todo en términos de la creación, Gen. 1:1, 26; 3:22.

3) Otro Nombre es Elyon, o El-Elyon, que significa Dios altísimo, el alto y exaltado por encima de todo y de todos, Gen. 14:18. Es éste un Nombre compuesto que, como todos, tiene la intención en el contexto en que aparece de mostrar algo concreto sobre la personalidad de Dios. El hecho de que Jesús se presente como Hijo del Dios Altísimo nos indica que, como Hijo Unigénito, Él recibe toda la herencia de Dios, de la que los creyentes somos coherederos.

4) Encontramos también el Nombre El Olam, que se traduce por Dios eterno. Su sentido primordial es de algo oculto, algo que no tiene tiempo, algo secreto e inescrutable, Gen. 21:33.

5) Está también el término Adonai o Adonay, que se traduce por “Señor”, y significa el Señor Todopoderoso, el Gobernante Soberano al que todo está sujeto y con el que las personas tienen una relación de siervos, el que domina o tiene la posición más sublime y preferente, Gen. 15:2. Es el Nombre que Dios empleaba con frecuencia cuando se dirigía a los hijos de Israel. Es el que se refiere a Su señorío sobre hombres y naciones, mientras que Elohim presenta a Dios como Gobernador del Universo. El griego del N.T. lo pone como “kyrios”, Señor, aplicándolo a Jesucristo, lo cual es una prueba de Su divinidad.

Estos Nombres describen a Dios como un Ser Supremo, grande, elevado, poderoso y exaltado. Pero Dios no se ha quedado en ellos, sino que nos ha mostrado otros Nombres que denotan la relación de este Dios Supremo con sus criaturas.

6) Así, tenemos el término El-Shaddai, Dios Todopoderoso, Gen. 17:1, el cual describe a Dios no sólo como el poseedor de todo el poder en el cielo y en la tierra, sino también como el que usa ese poder para Su obra de gracia. No es sólo el poder sobre los elementos o sobre todas las cosas, sino que lo indica es cómo ese poder está en Sus manos para Su obra de gracia y misericordia, para Su relación con hombres y mujeres. Por ejemplo, Él controla las lluvias, los vientos y las estaciones para que tengamos alimentos que comer. Este es el significado de El-Shaddai. Es el Dios que dispensa beneficios, (shad significa “pecho” femenino de donde el niño saca alimento y satisfacción), el que sustenta a Su pueblo.

7) Después, el Nombre más importante para nosotros es Yahveh (Jehová en nuestras Biblias; abreviado es Jah, o Yah, Sal. 68:4, 18; 94:7, 12), el cual los judíos al leerlo lo sustituían por Adonai. En hebreo se escribía con cuatro consonantes, YHVH, entre las cuales se pusieron las vocales hebreas de Adonai. Es como se manifiesta Dios a Moisés en Exo. 3:14, y su significado es “Yo soy el que soy” o “Yo seré el que seré”. Las dos cosas son ciertas. Este Nombre describe pues Su Inmutabilidad en cuanto a la relación con Su pueblo; es el Dios que se acerca a Su pueblo y hace un pacto con él, y éste es el Nombre que usa. En muchos pasajes aparece junto a Elohim, señalando pues la distinta relación que denotan cada uno.

En la Biblia Dios aparece haciendo pactos: con Adán, con Noé, con Abrahám, con David; incluso con Su propio Hijo. Dios promete y pacta cosas, y cuando lo hace o hace referencia a esos pactos usa el Nombre de Yahveh. Y esta es una gran idea y concepto: el Dios Todopoderoso que existe en Sí mismo y que adoramos elige revelarse a Sus criaturas y elige atarse a ellas por medio de Su Palabra expresada en pactos. ¡Dios atado por Sí mismo a los que ha dado existencia!

La connotación de salvación que hay en este Nombre se hace aún más manifiesta en el nombre compuesto Yeh-Osuah, Jesús, (Dios salva) que es el nombre de nuestro Salvador, Mat. 1:21 (comparar con Sal. 130:8). Sólo en el día de la expiación era permitido al sumo sacerdote decir este Nombre, “Yo soy”, mientras que todo el pueblo inclinaba sus rostros y decían: “Bendito sea Su Nombre, cuyo Reino glorioso es por los siglos de los siglos”, (comparar con Luc. 1:31, 33, y Juan 18:5-6 donde al decir Jesús “Yo soy” los que iban a prenderlos retroceden y caen sobre sus rostros, no porque lo dijera en hebreo, sino seguramente por la autoridad y solemnidad con que lo dijo).

También aparecen otros Nombres compuestos, además de Yahveh Elohim o Adonai Yahveh:

Yahveh-tsabaoth, Dios de los ejércitos, 1o Sam. 1:3, que algunos refieren a las estrellas, o a los ejércitos de Israel, pero que hace referencia a los ángeles. “El Señor de los ejércitos de ángeles”, y se usa en relación a la ayuda y consolación ofrecidas por Dios a Israel en sus tiempos de fracasos.
Yahveh-jireh, “el Señor proveerá”, Gen. 22:14. (Abrahám e Isaac).
Yahveh-rofeja, “el Señor sanador”, Exo. 15:26. (después de endulzar las aguas
Yahveh-nissi, “el Señor es mi estandarte”, Exo. 17:15. (después de dar la victoria). Yahveh-shalom, “el Señor es nuestra paz”, “el Señor envía paz”, Jue. 6:24, (a Gedeón antes de la lucha contra los madianitas).
Yahveh-roì, “el Señor es mi pastor”, Sal. 23:1.
Yahveh-tsidkenu, “el Señor Justicia nuestra”, Jer. 23:6.
Yahveh-shammah, “el Señor está presente”, “el Señor allí”, Eze. 48:35.
Yahveh-meqadishkhem, el Señor vuestro santificador, Exo. 31:13.

Como podemos comprobar, cada uno de estos Nombres lleva en sí un precioso y maravilloso significado, lleno de consuelo y bienestar, que debemos de recordar una y otra vez para decirnos a nosotros mismos cómo es el Dios en quien hemos creído. Necesitamos recordarnos estas cualidades de Dios para vivir con más gozo y para adorarle más y mejor. Es lo que dijo el Señor en Juan 17:6: He manifestado Tu Nombre…”, es decir, he dado a conocer estas cosas, he dado a conocer cómo eres, y este conocimiento debe traer paz, bienestar y felicidad a quienes te conozcan.

Hay también otros nombres, títulos y metáforas aplicadas a Dios que completan esta visión: Celoso, Fiel, Padre, Viviente, de esperanza, de toda consolación, que ve, grande y temible, Juez de toda la tierra, Hacedor, Padre de gloria, de las luces, justo, santo, primero y último, Rey de gloria, de las naciones, de los santos, del cielo, Roca, Señor de señores, Señor de toda la tierra, Salvador, el santo de Israel, etc., aparte de los usados para Dios el Hijo y para el Espíritu Santo en el N.T.

Finalmente indicamos que los Nombres simples de Dios en el A.T. que aparecen en hebreo tienen su equivalencia en el griego del N.T. del modo siguiente:

. A)  Al hebreo Elohim le corresponde el griego Theós.

. B)  A Yahweh o Adonai le corresponde el griego Kyrios o Kúrios, porque la primera versión griega del A.T. hecha por judíos así lo tradujo debido a la reverencia por el nombre hebreo. Este Kyrios se aplica a Jesucristo, indicando con ello Su divinidad.

. C)  Hay un tercer nombre griego, que es “Despótes”, que da la idea de amo, propietario o dueño, y se aplica tanto al Padre, Luc. 2:29, Hec. 4:24, como al Hijo, 2a Ped. 2:1, Judas 4.

Así que Dios ha revelado todo esto sobre Sí mismo para que Le conozcamos y para que, conociéndole, actuemos y vivamos en consecuencia.

Finalmente, Dios se ha revelado en la persona de Su Hijo, el Señor mismo, el Nombre sobre todo nombre, el Emmanuel, Dios con nosotros, el Dios eterno y Soberano que ha descendido entre nosotros y ha entrado en nuestro mundo y en nuestro tiempo. ¡Maravilla de maravillas!. Y es importante al leer nuestras Biblias meditar sobre estos Nombres cuando aparezcan porque enriquecerán nuestra experiencia y conocimiento de Dios.

Por todo esto uno de los peores pecados que aparecen en la Biblia es “tomar el Nombre de Dios en vano”, Exo. 20:7, y por esto el mismo Señor nos enseña a pedir: “santificado sea Tu Nombre”, Mat. 6:9, que es lo mismo que pedir que se reconozca cómo es Dios. ¡Que nuestro empeño sea éste precisamente, y que lo sea para Su gloria!

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