TEMA 7 – LA EXISTENCIA Y EL SER DE DIOS.

Podemos comenzar leyendo Rom. 11:33-36, para tenerlo en mente cuando nos disponemos a acercarnos a la doctrina que se encuentra en primer lugar en la Biblia: la doctrina de Dios. Ya hemos realizado una introducción general más o menos amplia, y aunque se podía decir mucho más de cada tema, hemos de empezar con la doctrina de Dios, porque así empieza la Biblia, Gen. 1:1. Y esto, que puede parecer obvio, no lo es tanto, pues abundan los estudios teológicos de todo tipo que comienzan con el hombre y el mundo, con los problemas, necesidades y circunstancias de aquí abajo, y a partir de ellos, continúan con el estudio de la doctrina de Dios.

Pero creemos que hacer esto es empezar de forma equivocada, ya que es el conocimiento de Dios, en última instancia, el que alumbra al de las demás doctrinas. No sirve de nada hablar sobre la salvación o sobre el pecado si no se ha considerado la doctrina de Dios, y los errores en todas las doctrinas pueden ser muy importantes si previamente no se tienen las ideas claras sobre el mismo Dios. Además, si Dios es Dios, hemos de comenzar por Él, pues hacerlo por cualquier otra cosa sería deshonrarlo y llevaría a fracasar en la adoración hacia Su persona.

Así que “en el principio creó Dios”, y como esta doctrina lo contiene todo, nos encontramos frente a un tema interminable, cual es la naturaleza y el ser de Dios. Ni aún en la eternidad terminaremos de conocer a Dios, pero como dijimos en el primer tema en relación a las cosas reveladas, habremos de ordenar nuestros pensamientos acerca de Dios, y habiéndolo hecho y habiendo llegado al conocimiento correcto, es cuando podremos adorarlo verdaderamente.

1. La existencia de Dios: Es lo primero que debemos considerar. Si decimos que queremos conocer a Dios y queremos adorarle es porque entendemos que Dios existe. Y sabemos que hay muchas personas que dicen lo contrario, que niegan esa existencia. Sin embargo, aquí no vamos a defendernos ni a replicar las tesis que se proponen. Simplemente, como ya hemos aceptado que la Biblia es la Palabra de Dios, diremos que en ella no se dan argumentos sobre la existencia de Dios; simplemente, se declara esa existencia. La Biblia no da ninguna prueba; simplemente presupone que Dios existe. El libro de Génesis no comienza diciendo: “Bueno, por las siguientes pruebas llegamos a la conclusión de que Dios existe, y como existe, decimos que en el principio creó…”. Nada de eso. “En el principio creó Dios”. Y nada más. Se afirma la existencia y el ser de Dios.

Por supuesto, en la misma Biblia, Hec. 14:15-17; 17:24-28; Rom. 1:20, se nos enseña que no hay excusa para no creer en Él. No se dan más argumentos, sino se indica que Dios ha dejado Su huella en la naturaleza, y que es absurdo negar Su existencia.

En el tema 1 también se indicó algo sobre las pruebas de la existencia y el ser de Dios, (ver página 2), y algunas personas se aferran a estas pruebas por encima de otras cosas para afirmar que Dios existe. Estos llamados “argumentos” de la existencia de Dios aparecen explicados con detalle en muchos libros de teología o doctrinas, y no es que sea malo conocerlos, pero lo que la misma Biblia dice acerca de ellos es que no pueden generar fe en Dios. Son los llamados argumentos cosmológico, teleológico, moral, etc., que son útiles en un sentido negativo, pero que nunca llevarán a la fe en Dios, pues ésta es producida por la obra interior del Espíritu Santo. Por tanto, las personas que tienen verdadera fe, aquellas en las que Dios ha obrado, no necesitan más argumentos para saber que Dios existe. Lo saben, y creen en Dios por el don de la fe, Heb. 11:6. Lo demás, todos los argumentos, pueden servir de ayuda para la fe, como las evidencias que se dan para otros muchos temas relacionados con la historia de Israel, la arqueología, la resurrección de Cristo, etc., pero no pasan de eso. De todos modos, repito, es bueno conocer algo de ellos para cuando se discuta sobre la existencia de Dios mostrar a las personas que no tienen excusa.

2. La posibilidad de conocer a Dios: Y si Dios existe y ha creado el mundo y nos ha puesto en él, la pregunta que se plantea es: “¿Es posible conocer a Dios, el Dios cuya existencia se afirma en la Biblia?”. Pues la cuestión de conocer a Dios es la finalidad última de cualquier religión, y todos nosotros debemos también preguntarnos si es este deseo el que nos mueve para estudiar las doctrinas, porque si no es así, nuestro objetivo y nuestro enfoque son equivocados. Siempre hemos de recalcar que el conocimiento de Dios ha de ser primero que cualquiera de las bendiciones que podemos obtener con ese conocimiento; la meta de nuestra búsqueda no es la petición de bendiciones o experiencias, sino conocer a Dios mismo; el Dador, no los dones; la Fuente de todas las bendiciones, no las propias bendiciones. Y hemos de tener esto presente porque todos tenemos propensión a empezar con nosotros mismos y nuestros problemas.

El mismo Señor lo dice en Mat. 5:8; ese debe ser nuestro objetivo; es la bienaventuranza que resume a todas las demás, por la que deberíamos esforzarnos. Y cuando habló acerca de la vida eterna, dijo también lo que ésta era, lo cual quizás no coincida con lo que muchos puedan pensar, Juan 17:3. Así que, como creyentes, es bueno saber que hemos sido perdonados, que estamos siendo preparados para el cielo, que estamos en las manos de Dios, etc., pero si cualquiera de estas cosas las ponemos por delante del deseo de conocer a Dios, entonces estamos equivocados. Incluso si el deseo de hacer cosas para Él y vivir una vida recta está por encima del deseo de conocerle, estaremos equivocados.

¿Puede ser que muchos de nuestros problemas deriven de este hecho, de no anteponer el deseo de Dios a todas las demás cosas? Porque si el primer y grande mandamiento es “amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas”, Mar. 12:28-30, para cumplirlo hemos de conocer a Dios, pues no puede amarse alguien a quien no se conoce, y quizás por esta falta de conocimiento y deseo tantas veces no se cumpla con el mandamiento.

Así que preguntamos de nuevo: ¿Es posible conocer a Dios? Porque hay personas, los “deístas”, que afirman que Dios existe pero que es imposible conocerlo, que Dios puso en marcha el mundo y se fue de él; y hay otros, los “agnósticos”, que dicen no poderse probar ni la existencia ni el conocimiento de Dios. Pues bien, ante esta pregunta debemos comenzar diciendo que la Biblia nos enseña que “Dios es incomprensible”, que en última instancia, Dios no puede ser abarcado o comprendido por los seres humanos, que no podemos meterlo en nuestras mentes finitas, que nunca podremos conocerle en un sentido total y definitivo. Dios mora en luz a la que nadie puede acercarse; Dios es eterno y absoluto, y, por tanto, es inabarcable, Isa. 55:8-9; Rom. 11:33; 1a Tim. 6:16.

Ahora bien, a pesar de que Dios es incomprensible, sin embargo es cognoscible; no puede ser comprendido, no puede ser abarcado, pero sí que puede ser conocido en Su Ser esencial. Podemos conocer a Dios, y aunque este conocimiento será siempre parcial e incompleto, puede ser real y verdadero, suficiente para nosotros y para llevarnos a glorificarle. Y tenemos ese conocimiento de Dios porque a Él le ha placido dárnoslo. Esa es la finalidad última de la Biblia, enseñarnos sobre el Ser de Dios y Sus relaciones con el género humano.

También existen en la Biblia los llamados “antropomorfismos”, aquellos pasajes en los que se habla de Dios como si fuera una persona, sintiendo o diciendo ciertas cosas, los cuales también tienen el propósito de llevarnos a conocer algo del Ser de Dios.

Y también tenemos las distintas visiones que los profetas tuvieron de Dios, (Moisés, Isaías, Elías, etc.), las cuales manifestaban algo de Su glorioso ser, algo de Él. Por tanto, afirmamos que Dios, a pesar de ser incomprensible, puede ser conocido, porque Él en Su gracia, bondad y condescendencia, se ha dado a conocer. Dios es conocido, Hec. 17:23.

3. Lo que conocemos del Ser de Dios: Y aquí debemos recordar de nuevo algo que muchas veces vamos a hacer: no estamos estudiando por simple cuestión intelectual; nuestro objetivo es conocer a Dios para adorarle y servirle, y aquí estamos, pequeños gusanos, hablando y pensando sobre el Ser de Dios. Y al hacer esto no debemos olvidar nunca cuál debe ser nuestra actitud, pues nos estamos acercando al Dios de toda gloria, que es el Padre de los creyentes, pero que es también “fuego consumidor”, Heb. 12:28-29, y ante el cual nunca debemos olvidar el temor y la reverencia. Es lo que vemos que sucedió con Moisés en el episodio de la zarza: Moisés quiso ir a investigar, Exo. 3:3, pero Dios le dijo: ¡Cuidado!, 3:5.

Por eso se entiende que los antiguos judíos no se atrevieran ni siquiera a pronunciar el nombre de Dios; tal era su sentimiento de asombro, reverencia, y conciencia de la majestad de Dios. Y hoy hay gente que se dirige a Dios y le dicen: “Querido Dios”, o cosas por el estilo; no aparece esto en la Biblia, pero sí “Padre Santo”, o “Padre justo”, Juan 17: 11, 25. Si esto lo olvidamos, el temor y la reverencia, ¿creemos que podremos llegar a conocer a Dios? Así pues, acerquémonos a este tema con este espíritu y actitud, y digamos algunas cosas que en la Biblia aparecen respecto al Ser de Dios.

A) La Biblia nos enseña acerca de la naturaleza infinita de Dios. Y sólo hablar de esto ya nos da vértigo, pues es imposible para una mente limitada captar al Ilimitado. Dios no es finito, no tiene límites, es absoluto, no deriva o está condicionado por nada. “Yo soy el que soy”, Exo. 3:14. Por tanto, está libre de cualquier restricción o frontera, es la causa de todo lo demás; toda existencia, todo ser se deriva de Él. Él lo es todo, está en todas partes, actúa en todas partes, es ilimitado; es sublime; es de inefable majestad, es de inconmensurable grandeza, incomprensible, más allá de cualquier pensamiento o imaginación, por encima de todo y más allá de todo, Apo. 4:8.

La infinitud de Dios aparece en toda la Biblia, Sal. 147:5, y es algo en lo que deberíamos pensar muchas veces, sobre todo antes de orar, pero también en todos los momentos de la vida. Dios no es igual a nada ni a nadie, es mayor que todo lo que podamos concebir, superior a lo que todo lenguaje pueda expresar, inconmensurable. Y todo lo que brota de Él es también infinito: Sus dones, Su misericordia, Su amor, Su justicia, etc.

Por tanto, una conclusión que debemos ya tener presente es la siguiente: si Dios no tiene límites, tampoco los tiene para Su conocimiento de mí, y todo lo ve y todo lo sabe, no solo de mí, sino de todo: todo lo posible, todo lo real, todas las cosas y criaturas del pasado, presente o futuro. Es la omnisciencia de Dios, de la cual hablaremos un poco más. Hemos de aprender a asombrarnos ante la infinitud de Dios, infinito en Su Ser y perfecciones.

B) También la Biblia habla de la espiritualidad de Dios. El mismo Señor lo declaró a la mujer samaritana, Juan 4:24, y lo hizo por la tendencia natural en las personas a querer aprisionar a Dios, a querer reducirlo a cualquier tipo de imagen mental o pensamiento. Lo mismo tenemos en Hec. 7:48; 17:24, Col. 1:15. Ahora bien, ¿qué entendemos por espíritu? Y de nuevo aquí nos metemos en problemas, pues más que decir lo que es, solo podemos decir lo que no es. Dios no es corpóreo, no es material, no está confinado a una forma o cuerpo, no tiene las propiedades que corresponden a la materia, lo cual nos lleva a decir, (y esto es importante desde el punto de vista práctico), que a Dios no se le puede discernir por medio de los sentidos corporales, Juan 1:18, 1a Tim. 1:17. Es por eso que Dios prohíbe las imágenes suyas, Exo. 20:4, porque al hacerlo estamos olvidando algo esencial de Su ser, que es la espiritualidad. (¿Y qué podemos decir de las imágenes mentales de Dios?).

Unido a esta espiritualidad se encuentra la “omnipresencia” de Dios, de la cual hablaremos en el tema siguiente, es decir, la verdad de que Dios está en todas partes y en todas al mismo tiempo, lo cual no impide la presencia de nosotros y de otros seres en el mismo espacio, (recordemos que había una legión de demonios en un hombre, Luc. 8:30).

Y ante estas cosas alguien puede decir: “Bueno, ¿qué hemos de entender cuando Dios dijo a Moisés que vería Sus espaldas, Exo. 33:23?; ¿qué quiso decir el Señor en Juan 5:37? Las respuestas son sencillas. En primer lugar es que Dios, a pesar de ser espiritual, cuando quiere muestra apariciones de Sí mismo, se limita; es lo que sucedió con el Señor antes de Su encarnación como Ángel de Jehová o Ángel del Pacto; muestra algo, pero eso no es Su verdadero Ser. Y, en segundo lugar, es que Dios, para hablar de Sí mismo usa un lenguaje que nosotros podamos entender, porque para nosotros es casi imposible asimilar la idea de infinitud y espiritualidad. Y así Dios habla como si fuera hombre. Dios es invisible, sin partes, sin cuerpo, sin límites, pero habla y se muestra para que sepamos algo de Él.

C) La tercera característica del Ser esencial de Dios es la personalidad. Dios es personal, porque la personalidad existe donde hay mente, inteligencia, voluntad, razón, individualidad, conciencia, etc., y la Biblia afirma que Dios es así. Esto también es importante resaltarlo, máxime hoy cuando las religiones orientales se propagan, y con ellas la idea de un dios impersonal. También está el panteísmo, que dice que todo es Dios y que Dios es todo, que no debemos hablar de Dios como persona, y que termina adorando a la propia naturaleza. O aquellos que creen que Dios es una gran Mente, una gran Fuerza, una gran Energía negando así que sea una persona. Pero la Biblia enseña que Dios es una persona y esto es esencial para una verdadera adoración.

Y la Biblia enseña esto de dos formas: una indirecta y otra directa. De forma indirecta, la Biblia dice que Dios ha dejado en la creación huellas de Sí mismo, de Su mente y sensibilidad, de Su voluntad y Sus designios. ¿De dónde vienen las leyes de la naturaleza, de dónde nuestros inventos? Y la respuesta es que vienen de Dios, que el hombre descubre esas cosas porque Dios las ha ordenado así, Rom. 1:18-20.

Pero, sobre todo, tenemos una gran cantidad de evidencias directas para decir que Dios es persona. Así, la presencia de Dios se describe siempre en forma personal; el “Yo soy” indica a una persona; en muchos modos se dice que Dios es una persona y tiene atributos de persona; en el Sal. 115, cuando se compara a Dios con los ídolos, el contraste es evidente: los ídolos no ven, ni oyen, ni palpan, porque no son personas, pero Dios sí puede hacer esas cosas; podemos ver también el contraste entre los ídolos y Dios en 1a Tes. 1:9; y la Biblia nos enseña que las personas hablan con Dios y que Él tiene tratos con personas, que elige a personas, que bendice a personas, etc., lo cual nos muestra que Dios es personal.

Pero la prueba superior la tenemos en el Señor Jesucristo. Dios, en Su encarnación, declaró que era una persona: Juan 14:9; 10:30. Y si el que hablaba era una persona, Dios ha de ser personal. Además, el Señor habló de Él como “Padre” y ora a Dios en Juan 17 como al “Padre Santo” o al “Padre Justo”, es decir, ora a una persona.

D) Y la última característica que la Biblia enseña del Ser de Dios es que Dios es una unidad, Deu. 6:4. Hablaremos de ello cuando tratemos la doctrina de la Trinidad, pero ya debemos tener esto claro, 1a Tim. 2:5.

Y así vemos que ese Ser infinito, absoluto, sublime, trascendente, glorioso, majestuoso, poderoso, eterno, que es Espíritu, que es Verdad, que es único y habita en luz inaccesible, ha querido que nosotros Le conozcamos, que hablemos con Él, y que Le adoremos. Y está dispuesto a escucharnos, a encontrarse con nosotros, y a recibir nuestra pobre e indigna adoración y alabanza. ¡Bendito sea Su Nombre!

Por todo eso no debemos olvidar nunca delante de quien estamos; prestemos atención a la ligereza de nuestras reuniones, a la forma de orar, a la falta de respeto, al poco temor y reverencia, etc., todo lo cual es muestra de la ceguera del corazón. El temor del Señor es fuente de vida, y éste apenas se encuentra entre los cristianos. Aprendamos a caminar “en el temor de Dios”, a servir “al Señor con temor”, porque Él es por encima de todo lo que es o podamos imaginar. ¡Bendito sea Su Nombre!

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