3. La Biblia y su autoridad

Hemos visto que para conocer a Dios, que es nuestro fin último, Dios debe revelarse, y hemos dicho que Él se ha revelado en la creación, en la Historia, en la providencia, y también de modo especial en este libro que es la Biblia. Por tanto, las preguntas que surgen son: “¿Nos podemos fiar de la Biblia; nos podemos fiar de “toda” ella?; ¿podemos aceptar su testimonio; puede ser ella nuestra autoridad para la fe y la vida? ¿Por qué decimos que solo aquí tenemos una afirmación con autoridad de la revelación de Dios? ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante lo recogido en ella? ¿Por qué los cristianos, a pesar de tanta crítica y oposición a la Biblia, siguen empeñados en decir que es la Palabra de Dios? ¿Por qué nos fiamos de ella y no de la Iglesia, la tradición, alguna luz interior, o nuestra propia razón o entendimiento?

Es necesario pues, abordar este tema y considerar lo que la Biblia dice acerca de sí misma. Y lo primero que hemos de hacer es diferenciar entre lo que es la revelación de Dios y lo que es la inspiración de la Biblia, pues la Biblia afirma ser más que la revelación de Dios; afirma ser la Palabra de Dios y afirma tener inspiración divina. O dicho de otro modo: no todo lo que se encuentra en la Biblia es revelación de Dios, pero todo lo que en ella hay sí que es inspirado. La revelación es lo que Dios dice sobre Sí mismo, y en la Biblia hay cosas que dijeron personas impías que no son, por tanto, revelación de Dios. Sin embargo, la misma Biblia afirma que todas esas afirmaciones, tal y como se recogen, han sido inspiradas por Dios y, por tanto, toda ella es infalible (no puede engañar, segura, cierta), e inerrante, (no contiene errores). Esto es fundamental tenerlo claro y aceptarlo. No toda la Biblia es revelación, pero sí toda la Biblia es Palabra de Dios.

1. Inspiración: ¿Qué entendemos cuando decimos que la Biblia ha sido inspirada por Dios, que es Palabra de Dios? Primero diremos lo que no se debe entender:

A) No debe entenderse que haya ciertas porciones de la Biblia que fueron inspiradas y otras que no. Hay gente que piensa así, que dicen que “en” la Biblia “está” la Palabra de Dios, pero que “no es” toda ella Palabra de Dios. De este modo es el estudioso quien tiene que decidir entre dichas porciones y su inspiración, poniéndose, por tanto, como infalible en lugar de la propia Biblia.

B) Tampoco debe entenderse la inspiración como la obra creadora de unos hombres en el sentido que hablamos de la inspiración de un poeta o un pintor. No es algo que salga del hombre en un momento de lucidez propia.

C) De igual modo, tampoco debe entenderse la inspiración en el sentido de que fueron una serie de ideas que recibieron los escritores de forma inspirada. Eso es cierto, las ideas fueron inspiradas, pero entendemos por inspiración mucho más que eso.

D) Finalmente, tampoco significa que los libros fueran productos de origen humano sobre los que Dios, a posteriori, soplara Su aliento o impulso divino.

Entonces, ¿a qué nos referiremos cuando decimos que la Biblia es inspirada? Y la respuesta es: La Biblia es algo que sale de Dios, es “espirada” por Dios (como cuando el aire sale de los pulmones), es alentada por Dios, es el aliento de Dios, y todo lo que en ella hay ha sido dado por Dios al hombre. Por tanto, esto conduce a la idea de que también cada palabra lo ha sido (cada “jota” y cada “tilde”, Mat. 5:18), y por eso se habla de la “inspiración verbal y plenaria” de las Escrituras. No se trata pues, de que los pensamientos o las ideas hayan sido inspirados, sino todas y cada una de las palabras. No es que cada afirmación sea correcta, sino que cada palabra es de inspiración divina.

Ahora bien, esto no significa que la Biblia fuera dictada mecánicamente a las personas. Dios ha respetado el estilo de cada una, su propio carácter individual, (son distintos los escritos de Pablo y Juan, por ejemplo), sus investigaciones, (comienzo del Evangelio de Lucas), sus consultas, etc., de modo que aunque el escritor ha puesto lo que él creía, en todo momento ha sido controlado y dirigido por el Espíritu Santo para que no hubiera ningún error. Es como el mensajero que lleva sus noticias a lomos de distintos caballos; cada caballo hace el recorrido de manera distinta, uno puede ser viejo y otro puede encabritarse, pero el jinete es el mismo, es el que controla y hace la ruta, y el resultado es también el mismo.

La inspiración verbal y plenaria significa que el Espíritu Santo ha supervisado, controlado, y guiado a esos hombres, hasta la elección de las palabras concretas, de modo que no tienen ningún error y se produce con ellas el resultado que Dios quería originalmente.

2. Lo que la misma Biblia afirma acerca de la inspiración: Aquí podemos indicar varios aspectos de forma resumida.

A) La Biblia habla sobre sí misma como “Escritura” o “Escrituras”, no escrituras corrientes, sino sagradas escrituras. También dice que es “Palabra de Dios”. Por ejemplo, en el A.T. las expresiones “Jehová dijo”, “Jehová habló”, o “vino palabra de Jehová” aparecen más de 3800 veces.

B) Están también todos los profetas, los cuales declaran que no es que decidieron ponerse a escribir de pronto, sino que les “vino palabra de Dios” y sucedió en un momento determinado, Deu. 18:18; Eze. 1:2-3; Ose. 1:1; Jon. 1:1.

C) También es un argumento importante el que en ocasiones los mismos profetas nos dicen que eran reacios a comunicar lo que les había llegado, y así, muchas veces escriben que recibieron “carga” de Jehová, lo cual en nuestras Biblias se traduce como “palabra” de Jehová, Jer. 1:2, 6-7. No querían, pero Dios les puso una “carga” y tuvieron que entregar lo que Dios les había dado, Jer. 20:7-9.

D) A favor de la inspiración está también cuando el profeta mismo indica que no entendía lo que estaba escribiendo, Dan. 12:1-9. Así también se recoge en 1a Ped. 1:10-12.

E) Y, finalmente, podemos citar los diversos pasajes del N.T. en los que, de una u otra forma, se nos habla también de la inspiración divina:

1a Cor. 2:13: No se refiere al tema en sí, a la doctrina, sino a las palabras con las que habla.
2a Ped. 3:15-16: Al decir “las otras escrituras” pone al mismo nivel el A.T. y las cartas de Pablo.

2a Tim. 3:16: Hay que resaltar la palabra “todas” y hacer énfasis en que la inspiración recae sobre las Escrituras.

2a Ped. 1:20-21: Donde no se habla del derecho de cada persona para estudiar e interpretar las Escrituras, sino del hecho de que los hombres que la escribieron no estaban poniendo su propia interpretación o comprensión, sino que fueron inspirados. Aquí el énfasis recae sobre las personas, que fueron “movidas”, “dirigidas” o “impulsadas”; no fueron personas empleando sus razonamientos o habilidades y que después escribieron, sino llevadas por el Espíritu Santo.

Hay, pues, una inspiración en las personas, y hay también una inspiración en las propias Escrituras. El hombre escribe siendo inspirado por el Espíritu, y después el propio Espíritu que lo inspira, inspira también lo que está escrito para que sea Palabra viva de Dios.

3. Lo que la misma Biblia afirma acerca de la inspiración verbal y plenaria: En este apartado podemos citar varios pasajes muy interesantes, entre otros:

A) Juan 10:34-36: Dice el mismo Señor que “la Escritura no puede ser quebrantada”, anulada, resistida, negada, violada.

B) Gal. 3:16: En donde todo el argumento del apóstol depende de una palabra: “simiente” o “simientes”. Y al quedarse con la primera hace referencia al Señor Jesucristo.

C) 1a Tim. 5:18: El apóstol escribe “La Escritura dice”, y cita dos pasajes, uno del A.T. Deu. 25:4, y otro del N.T., Luc. 10:7, poniendo ambos a la misma altura. (Destaco aquí la necedad de “cristianos” que se ríen de aquellos que expresamos esto mismo, “la Biblia dice”, cuando es lo que expresaron apóstoles, profetas y el mismo Señor; era su único argumento, Mat. 4:4, 7, 10; ver Isa. 8:20).

D) Otra forma es considerar el modo en que el N.T. cita al A.T. en multitud de pasajes: Hec. 4:24-26.

Efe. 2:19-20: No hay otro fundamento más que los escritos del A.T. y N.T.

Dios mediante David. Es decir, que los salmos de David eran considerados salmos de Dios. También Heb. 3:7, donde se expresa una parte del salmo 95 y se indica que eran palabras del Espíritu Santo.

4. Otras deducciones sobre la inspiración a partir de la misma Biblia:

A) Se escribieron 66 libros en un periodo de unos 1600 años, por medio de unos cuarenta autores, y todos tienen el mismo tema, la misma moral, el mismo mensaje, la misma doctrina. Todo se encuentra enfocado en Jesucristo, todo centrado en Él, y aunque haya variación entre los escritores, sigue habiendo un único y gran tema.

B) Es muy importante el testimonio del propio Señor Jesucristo, en el cual no se puede decir creer y no hacerlo en la inspiración verbal y plenaria, pues Él la creía y así lo dijo en multitud de ocasiones. Se deben resaltar, sobre todo, aquellas en las que citaba pasajes que hoy día son rechazados por muchos, (creación, matrimonio, libro de Jonás, etc.). Para Él, el argumento final era “escrito está”, Mat. 4:4,7; Luc. 19:46; Juan 6:45. Otras de Sus afirmaciones en este sentido las tenemos en Mat. 5:17-18, 19:4-5. Por tanto, si empezamos a jugar y a dudar de la inspiración y autoridad de la Biblia, pronto estaremos dudando también del mismo Señor, y haciéndonos un dios y una fe a nuestra medida.

Podemos ver también Mar. 12:26-27, Luc. 24:44, (hace referencia a todo el A.T.), o Juan 10:35.

C) Y unas últimas palabras acerca de las versiones y las discrepancias. Estamos diciendo que la Biblia ha sido inspirada verbal y plenariamente, que es infalible e inerrante, pero no decimos lo mismo de las distintas traducciones y versiones. Algunas contienen errores para recoger ciertas posturas doctrinales erróneas, (biblia de los testigos de Jehová); otras versiones son mejorables en ciertos textos, en los que los traductores primeros no encontraron el sentido principal; y otras, finalmente, no recogen todo el significado por el problema de que no existen en los distintos idiomas palabras totalmente equivalentes. De todos modos, la mayoría de las llamadas dificultades se pueden explicar y han sido explicadas, y algunas en los últimos años tras recientes hallazgos arqueológicos o avances en la lingüística, y las que aún perduran no tienen que ver con doctrinas o hechos históricos. Nada de ellas afecta a lo principal.

D) Finalmente, podemos decir que se pueden hablar de otras cosas que demuestran la inspiración de la Biblia, aunque no surgen de afirmaciones bíblicas, tales como el pensamiento elevado, lo que ha hecho en las vidas de miles de personas a lo largo de los siglos, el testimonio de los grandes santos, la influencia de sus enseñanzas en el desarrollo de los derechos humanos y la propia sociedad, las obras que han realizado a favor de la humanidad personas que han creído en ella, etc.

Pero aún así y con todo, no se puede demostrar a nadie esta inspiración, no se puede convencer a nadie, pues ha de ser el Espíritu Santo quien ilumine a las personas para ello. (Confesión de fe de Westminster, capítulo 1, V). Por eso, los que ya lo hemos sido, debemos mostrar a Dios nuestra gratitud por ambas cosas: por habernos dejado Su Palabra y por habernos abierto los ojos, y debemos hacer cada vez que nos acercamos a ella un acto de adoración a Dios; no a la Palabra, pero sí al Dios de la Palabra, pues el estudio de la Biblia ha de ser más que una actividad intelectual o académica.

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