CAD: Tema 1: Introducción

TEMA 1. INTRODUCCIÓN.

Puesto que vamos a comenzar a realizar unos estudios sobre doctrina bíblica, es oportuno que leamos Deu. 29:29, donde se nos habla de la importancia de conocer las cosas “reveladas”, las doctrinas.

1. Lo que vamos a hacer: Vamos a hacer una serie de estudios sobre doctrina bíblica, sobre verdades reveladas en la Biblia, porque toda la Palabra de Dios ha sido dada con este propósito: imprimir en nuestras mentes y nuestros corazones las verdades reveladas de Dios.

La Biblia no es un libro de historia del mundo, ni siquiera de historia de todo lo que Dios ha hecho. Así, Gen. 1-11 nos narra un gran periodo de la historia en forma muy condensada, y los Evangelios tampoco nos dicen mucho acerca de toda la vida del Señor; sólo hablan un poco de Su nacimiento, centrándose sobretodo en los tres años de ministerio que tuvo. De los 30 anteriores se sabe poco. También podemos leer Juan 20:30-31; 21:25. Así que no hay una descripción exacta y pormenorizada ni aún de la vida del Señor Jesucristo y, por tanto, afirmamos que la Biblia no es un libro de historia sin más.

Y entonces, ¿de qué trata la Biblia? Pues el tema de la misma es la historia de la redención, la historia de lo que Dios ha hecho por las personas como consecuencia de sus pecados, y todo lo demás es incidental. Y cuando hablamos de doctrinas bíblicas estaremos haciendo referencia a los distintos aspectos de la obra de redención de Dios hecha por Dios.

Ahora bien, existen muchas clasificaciones dentro de estas doctrinas, y habremos de estudiarlas todas para conocer todas las verdades reveladas.

Lo primero será conocer algo sobre la misma Biblia, lo que enseña ella sobre sí misma, su autoridad, porque si esto no queda claro no podremos considerar las grandes doctrinas que en ella aparecen. Lo segundo será fijarnos en Dios para aprender acerca de Él, (teología). Después tendremos que estudiar al hombre, pues si en la Biblia tenemos la historia de la redención del hombre, necesitaremos saber el porqué de esta obra, cómo es el hombre, y lo que Dios hace con él, (antropología). En cuarto lugar habremos de estudiar al Seños y Salvador que ha hecho posible la redención, pues Él es el centro de toda la obra y toda la Biblia, (cristología). Después habremos de ver cómo se aplica esa obra de redención a las personas, cómo nos apropiamos de ella, (soteriología). En sexto lugar habremos de hablar sobre la iglesia, pues cuando una persona es redimida se incorpora a la iglesia, y la Biblia habla acerca de ella, (eclesiología). Y, en séptimo y último lugar, una vez que somos redimidos y formamos parte de la iglesia, parte del Cuerpo de Cristo, la Biblia nos dice que Dios tiene un plan para nosotros y nos dice también lo que sucederá, lo que será la consumación de todas las cosas, (escatología).

Así que esto es lo que vamos a hacer. No estudiaremos los libros de la Biblia, sino las doctrinas que se encuentran en ellos, pues éstas han sido reveladas para que las conozcamos.

2. Cómo vamos a hacer los estudios: Principalmente los haremos limitándonos a lo que la Biblia dice. No nos vamos a dedicar a estudiar teología en profundidad, ni tampoco a considerar lo que han dicho diversas personas sobre distintos temas a lo largo de la historia, (aunque algunas veces haremos referencias a ellas). Esto sería estudiar teología, y aunque esta disciplina sea importante, no es lo que vamos a hacer. Por ejemplo, en los libros o cursos de teología se estudian las pruebas de la existencia de Dios y se indican los distintos argumentos para ello: el argumento cosmológico, (todo ha de tener un principio, una causa primera), el teleológico, (todo revela orden y finalidad), el de la conciencia, el argumento moral, el ontológico, (el ser perfecto ha de existir), etc.

Pero en la Biblia no aparece eso. La Biblia simplemente proclama la existencia de Dios y nos habla de Él. La da por sentado, y eso es lo que haremos también nosotros, Gen. 1:1. Y no es que los otros estudios no sean importantes, pero hay que tener mucho cuidado cuando se introducen pensamientos y razonamientos humanos porque fácilmente se pueden llegar a conclusiones erróneas.

Además, tampoco vamos a intentar defender las doctrinas. A eso se llama “apologética”, pero no vamos a hacer esto. Simplemente trataremos las doctrinas tal como aparecen en la Biblia y no intentaremos defenderlas, (será lo que suceda con la doctrina de la creación y la teoría de la evolución, que aunque diremos algo, no será exhaustivo).

También habremos de considerar que todas las doctrinas son importantes y necesitan de un cuidadoso examen, no existiendo ninguna de segunda categoría, pues toda es Palabra de Dios. En relación con esto, hemos de tener cuidado con nuestras simpatías u opiniones personales en ciertos temas, con nuestra lógica, o con las ideas de ciertas denominaciones acerca de las mismas.

Finalmente, tampoco trataremos otras cosas que pueden surgir en el estudio pero que no aparecen en la Biblia, que no son doctrina bíblica. En estos casos se puede razonar, pero si la Biblia no nos dice algo respecto a tales cosas, las dejaremos de lado atendiendo a Deu. 29:29. Un ejemplo de lo que decimos es la pregunta “¿De dónde viene el mal?”. La Biblia no lo indica, y aunque se pueden argumentar muchas cosas y es interesante saber algo de este tema, no es doctrina bíblica revelada, y quizás lo mejor es dejar esas cosas secretas para la mente de Dios pues a Él pertenecen.

3. Por qué es necesario realizar estos estudios: Creemos que hay una necesidad importante para comenzar estos estudios, y se pueden dar varias razones para ello.

En primer lugar porque, como cristianos, estamos obligados a conocer todo lo que la Biblia enseña, y en la Biblia se enseña doctrina. Hemos indicado al comienzo que la Biblia no es un libro de historia sino un libro donde fundamentalmente se nos muestra la historia de la redención, la obra de Dios, y se puede leer muchas veces la Biblia sin entender las doctrinas que en ella aparecen, con lo cual lo revelado por Dios será de poco provecho. Este aprendizaje de las doctrinas es lo que los profetas del A.T. pretendían que tuviera el pueblo; por eso los enseñaban, porque creían que tenían la Ley de Dios pero en realidad no la conocían, Esd. 7:10; Neh. 8:8-12, 13-17; Ose. 4:6, 14; 6:3; 8:12. Es lo que hizo también el mismo Señor Jesucristo al explicar la Ley, Mat. 5:21-22, 27-28, 31-32, 33- 34, etc., indicándonos que un conocimiento general y superficial vale de poco. Y es lo que hicieron los apóstoles cuando también predicaban a inconversos o al escribirles las cartas a los creyentes, ya que toda la vida práctica que se pide en ellas y que en ellas aparece lo es como consecuencia de las doctrinas que antes se citan, Hec. 13:34-39, Col. 3:1-3, 5-23.

Otra razón que podemos dar es lo peligroso que resulta no tener una idea general, una visión general, de todo el plan de redención, pues podemos perder de vista “el bosque” a causa de “mirar los árboles”. Es decir, podemos estar estudiando cada libro de la Biblia por separado y llegar a encontrar supuestas diferencias o incongruencias entre ellos cuando en realidad no las hay y solo sucede que no se conoce la doctrina. Es también lo que pasaba con los judíos en los tiempos del Señor, que no conocían la doctrina y se quedaban en la letra sin llegar al espíritu de la Ley. Y es que antes de ser especialista en un tema hay que tener un conocimiento general de conjunto. Por esta falta hay muchas controversias acerca de temas muy específicos, controversias que pueden desaparecer cuando se tiene clara la doctrina.

Un tercer motivo para estudiar la doctrina es que la Iglesia Cristiana, desde sus comienzos y a lo largo de los siglos, siempre ha considerado este hecho como esencial. Desde el principio del cristianismo empezaron a introducirse herejías y falsas enseñanzas, y aunque, por ejemplo, había personas que declaraban que “Jesús es el Señor”, pronto se vio la necesidad de explicar lo que esto significaba, y se vio la necesidad de enseñar ciertas cosas a los candidatos al bautismo. Después las herejías siguieron surgiendo y había confusión en las propias iglesias al tiempo que se extraviaban a los de fuera. Y fue necesario redactar los primeros documentos de fe y doctrina que hoy llamamos “Credos”: el Apostólico, el Niceno, el Atanasiano.

Y como el error y la herejía seguían, la Iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo, creyó conveniente no dar simplemente una biblia abierta a las personas, sino poner por escrito las grandes doctrinas. Y llegó el periodo de la Reforma en el que se redactaron las grandes confesiones de fe, las cuales no pretendían suplantar la Biblia, sino simplemente exponer lo que la Biblia ya declaraba: la Confesión de Westminster, la Confesión Bautista, los Cánones de Dordt, la Confesión Belga, el Catecismo de Heidelberg, etc. Así también surgieron los catecismos, los cuales así mismo fueron concebidos para fortalecer la fe y capacitar para saber con exactitud lo que la Biblia enseña.

Y si todo esto ha sido necesario siempre, ¿no lo será ahora? Ahora estamos rodeados de sectas que pretenden enseñar lo que la Biblia dice; incluso algunas de ellas tienen sus propias Biblias, por lo que es necesario tener conocimiento para no dejarnos llevar de acá para allá, Efe. 4:11-16. Y hasta la propia iglesia se encuentra llena de confusión porque no se estudia ni se predica doctrina en ella, con lo cual hay una disposición a permitir que todo el mundo diga y crea lo que quiera en determinados temas, en contra de lo que la propia Biblia indica, 1a Tim. 1:3, 4:1, 16, 6:3; 2a Tim. 4:3; Tito 2:1-5; Heb. 13:9; 2a Juan 7-11. Hemos de pensar que Satanás se disfraza de “ángel de luz”, y una de sus estratagemas es confundir.

Pero la necesidad de estudiar las doctrinas es porque, en última instancia, es el único modo de conocer verdaderamente a Dios, al Dios que existe, de venir ante Su gloriosa presencia y de aprender algo de las maravillas de Sus caminos y Sus planes respecto a nosotros, de entender la obra del Señor Jesucristo por nuestro pecado, y de conocer también más a la persona y la obra del Espíritu Santo.

Este ha de ser el motivo fundamental de los estudios. No el de tener simplemente más conocimiento, pues el “conocimiento envanece, pero el amor edifica”, 1a Cor. 8:1. El motivo es conocer más a Dios y adorarle cada día más y mejor. No nos podemos acercar a la Biblia como a cualquier libro de estudio, pues en ella estamos acercándonos al Dios Santo, y hemos de hacerlo con espíritu de reverencia, oración y adoración. Y no hay otra posibilidad: tengo que dejarle decir lo que Él es, lo que quiere, lo que yo soy y lo que espera de mí. La doctrina sin la piedad es como un árbol sin frutos, pero la piedad sin la doctrina es como un árbol sin raíces.

Hay personas que piensan que los estudios de teología, los estudios de seminario, son suficientes para después saber más que nadie de muchas cosas de la Biblia. Pero eso no es cierto: si falta el espíritu de adoración, si falta la humildad, o si faltan las ganas de servir y adorar al Dios a quien se pretende conocer, nunca se llegará a dicho conocimiento. El estudiante bíblico ha de ser consciente de su posición ante Dios y ante la Palabra, y cuando nos acercamos a las grandes doctrinas no podemos hacerlo como si fueran simples pensamientos humanos con los que después vamos a decidir estar o no de acuerdo; al acercarnos a ellas nos estamos acercando a Dios, y hemos de hacerlo siempre en una atmósfera de admiración, oración y adoración. No es solo conocimiento intelectual, y no es posible querer tenerlo para después quedarse ahí.

Las doctrinas de la Biblia deberíamos conocerlas y desear conocerlas para que, una vez conocidas, no nos envanezcan, sino que nos acerquen más a Dios en adoración y alabanza, porque habremos visto con ellas, de una manera más completa y exacta, la gloria de nuestro maravilloso Dios. ¡Que así sea!

2 comentarios sobre “CAD: Tema 1: Introducción

    1. Gracias, Jordi por tu comentario: solo recalcar, que lo hize en la sessión, y ahora se me paso de adjuntarlo aqui, que el material no es de cosecha propia (¡ya me gustaria a mi!) sino que es un estudio que ha realizado el hermano Emilio Diaz de Bollullos. Es a su generosidad que debemos poder estudiar estos temas….y por la gracia del Señor, ¡nos ayudamos mutuamente y nos vamos edificando en Él!

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