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CAD: Tema 2: Revelación

TEMA 2. LA REVELACIÓN.

En el presente estudio podemos comenzar leyendo Hec. 14:14-17, donde se nos habla del testimonio que Dios ha dado de Sí mismo. Y tras esta lectura nos hacemos la pregunta que ya se hiciera Job hace miles de años: “¿Cómo podemos conocer a Dios?, Job 23:3. Porque todas las personas tienen un “sentimiento” de Dios, una idea de Dios, y saben que han de enfrentarse con Él, aunque para algunos el enfrentamiento se produce en sus vidas presentes negándolo. Pero para los que intuyen que hay Dios y quieren saber algo de Él, el problema es grande pues Dios no es una cosa que se pueda inspeccionar o poner encima de una mesa como se hace con algo en el laboratorio. Dios no se deja manipular.

1. Ideas equivocadas: Debido a su naturaleza caída, el hombre piensa que puede conocer a Dios. Y lo piensa de dos maneras, ambas equivocadas pues parten del propio esfuerzo o búsqueda personales, los cuales llevan no a encontrar a Dios sino a concebir una u otra clase de ídolo. (Cuando hablamos de conocer a Dios debemos entender el saber cómo es, lo que quiere, lo que ordena, lo que le disgusta, lo que ha hecho o hace, etc, y el “corazón del hombre es una fábrica de ídolos”).

La primera de esas formas equivocadas es creer que a Dios se le puede conocer de manera instintiva o intuitiva. Es dejarse llevar por una especie de sensación o convencimiento interno, los cuales se manifiestan de distintas formas. Es el problema de los llamados “místicos” o el de muchas sectas en las que las personas siguen a un líder iluminado. Es también el de algunos que aseguran que Dios les habla interiormente y no necesitan nada más, que ya tienen una “luz interior” que les es suficiente. Ni que decir tiene que este modo de pensar conduce a la creación de múltiples dioses hechos a la imagen y semejanza de las personas, de lo cual, las religiones orientales son una clara evidencia.

La otra forma equivocada es aquella que se basa en la razón, en el conocimiento, y en la propia sabiduría humana. Así han surgido las distintas ideas filosóficas sobre Dios, las ideas que parten de la observación de la naturaleza, del estudio de la Historia, o cualesquiera otras que conducen también a distintos modelos de dios. Recordemos también los distintos argumentos que hemos enumerado en el tema de introducción sobre la existencia de Dios.

Pero decimos que todas estas ideas son equivocadas y conducen al fracaso porque todas dependen de las propias personas y sus capacidades o circunstancias, todas son relativas, y como dice Pablo en 1a Cor. 1:21, “el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría”. Recordemos que estas palabras fueron dichas a los corintios, que eran griegos, y que estaban familiarizados con las distintas enseñanzas filosóficas. El carácter de Dios, Su infinitud, Su eternidad, y Sus atributos, hacen imposible esta tarea de conocimiento de Dios en base a la razón o la intuición.

Pero hay, además, otro factor a tener en cuenta en esta afirmación que hacemos, y es la propia naturaleza en pecado de las personas, la cual imposibilita el conocimiento de un Dios Santo.

Así que, por una parte, la mente humana es demasiado pequeña para abarcar a Dios y comprenderle, y por otra, esa mente ha sido trastocada por el pecado y está entenebrecida, así como el resto de facultades del hombre, de modo que su conocimiento de Dios se vuelve imposible.

Este es un principio bíblico que no debemos olvidar, pues aún nosotros los cristianos podemos caer en los mismos errores.

Así pues, el primer postulado que debemos aceptar es que nuestra única esperanza de conocer a Dios verdaderamente es que Él en Su gracia se complazca en revelarse a nosotros, y la enseñanza cristiana es que Dios lo ha hecho. Esta es la primera doctrina bíblica: la de la revelación, la que afirma que Dios se ha dado a conocer.

2. Revelación: ¿Y qué entendemos por revelación, qué es la revelación? La podemos definir así: “La revelación es el acto por medio del cual Dios comunica a los seres humanos la verdad con respecto a Sí mismo, Su naturaleza, Su obra, voluntad y propósitos, y no solo lo comunica, sino que también incluye todo aquello que podemos llamar “quitar el velo” que lo oculta de nosotros para que podamos verlo”.

Por tanto, en la revelación entendemos que hay dos aspectos, y los dos de acuerdo a nuestras necesidades: por una parte el hecho de mostrarse Dios a sí mismo, y por otra, el darnos la capacidad suficiente para que podamos ver eso que nos muestra.

Y, según la Biblia, Dios se ha revelado de dos modos: el que se conoce como revelación general y el que se denomina revelación especial.

3. Revelación general: Hemos dicho que hay personas que creen poder llegar a Dios a través de la naturaleza y a través de sus razonamientos, y hasta cierto punto eso es verdad, pues Dios se ha revelado a Sí mismo. Lo ha hecho, en primer lugar y en forma general, a través de la creación, Hec. 14:14-17; Rom. 1:19-20. Todas estas afirmaciones nos recuerdan que Dios, después de todo, ha dejado Sus marcas, Sus huellas, en la naturaleza y en la creación. Este es un tema que aparece en toda la Biblia, Sal. 19:1-4, y es la primera idea de la revelación general: todo lo creado por Dios es en sí mismo una revelación de Dios.

Pero hay otra idea en esta revelación general, y es la que se conoce como “providencia”, es decir, que el orden de las cosas en este mundo, su funcionamiento, su mantenimiento, su sostén, el hecho de que la vida siga, etc., se explican en última instancia por la acción de Dios, el cual se manifiesta también en todo lo que consideramos normal en la vida: las estaciones, la lluvia, la nieve, la fructificación de las cosechas, el día, la noche, etc.

Y una tercera idea de la revelación general es la que se obtiene a partir de la Historia, toda la historia del mundo, que cuando se ve con claridad, también es una revelación de Dios.

Ahora bien, todos estos modos de revelación general no son suficientes; deberían serlo, pero no lo son, Rom. 1:20, y no lo son a causa del pecado. Si el hombre y la mujer no hubieran sido pecadores, al ver las obras de Dios en la creación, en la providencia y en la Historia, habrían podido llegar a Dios por un proceso de razonamiento, pero no pueden a causa del pecado que los ciega, Rom. 1:21-22. Y terminan, como dice Pablo en Rom. 1:25 dando culto a las criaturas antes que al Creador.

O dicho de otro modo: las evidencias que proporcionan la creación, la vida y la Historia son suficientes para dejar a las personas sin excusas cuando hacen el mal y se tengan que presentar ante Dios. Pero como están bajo pecado, estas evidencias no bastan para llevarles a un conocimiento de Dios. Y entonces, nos podemos preguntar: ¿Hay alguna esperanza? Porque aún con esa revelación general sólo podríamos conocer el poder de Dios, pero no mucho más de Su naturaleza, Su voluntad o Sus propósitos. Y la respuesta es que sí, porque hay otro tipo de revelación de Dios, aquella que se conoce como “revelación especial”.

4. Revelación especial: Esta revelación la tenemos en la Biblia y es muy distinta a la anterior. Por ella conocemos el carácter de Dios y Su naturaleza, así como Su obra de salvación que también sirve para revelarlo. Y la Biblia hace una tremenda afirmación en este punto, y dice que ella, y sólo ella, proporciona este conocimiento especial de Dios. Este es el gran mensaje de la Biblia: Dios revelándose a Sí mismo. No es la búsqueda del ser humano, no es una religión más, sino es Dios quitando el velo y dando una visión y un conocimiento de Sí mismo y de Sus propósitos, Sal. 19:7-11. Este es el tema de la Biblia, el cual debemos tener siempre presente: Dios se ha revelado y a nosotros nos queda la tarea de descubrir las formas y hasta donde Él ha querido hacerlo, lo cual exige siempre humildad por parte nuestra.

Ahora bien, dentro de la revelación especial, podemos indicar varios modos en que Dios la ha hecho:

A) Dios se ha revelado a hombres y mujeres por medio de las llamadas “teofanías”, que son las distintas formas en que Él ha aparecido visiblemente. Tenemos el caso de Moisés en Exo. 33:13-23. Moisés vio a Dios en un sentido, vio Sus espaldas cuando se alejaba, vio algo de Su gloria, (es lo que se conoce como antropomorfismos de Dios), pero es Dios quien se estaba revelando para que Moisés supiera algo de Él.

B) También hay muchas referencias en la Biblia al “Ángel del Pacto” o al “Ángel de Jehová”, lo cual se refiere siempre al Señor Jesucristo antes de Su encarnación. Así también se mostró Dios, se reveló Dios, como podemos leer en Jue. 6:11-16, 22-23; cap. 13.

C) Otra forma en que se ha revelado Dios es por medio de Su Palabra directa. Adán y Eva lo escucharon; Moisés también, y otras personas, como Caín, Noé, Abrahám, etc.: Gen. 3:8; Num. 7:89, Mat. 3:17.

D) Dios se ha revelado, asimismo, por medio de milagros, señales y maravillas. Y esto aparece tanto en el A.T. como en el N.T. Recordemos los milagros ante Faraón, el paso del mar Rojo, los de Elías y Eliseo, etc. También los truenos y relámpagos en el monte Sinaí, los milagros del Señor y los apóstoles, etc. Todos ellos eran revelaciones de Dios, todos eran manifestaciones extraordinarias de Dios, modos en que Dios testificaba acerca de Sí mismo, Heb. 2:4. Y desde luego, y por encima de todo, tenemos el gran milagro de la resurrección de Cristo. En todos los casos Dios estaba llamando la atención sobre sí mismo, Dios quería mostrar algo, y en muchos de ellos se nos dice que las personas “glorificaban a Dios”, Le temían y se llenaban de asombro porque podían vislumbrar algo del poder de Dios.

E) Dios también se ha revelado por medio de visiones y sueños, Job 33:14-16. Así, podemos recordar los casos de José, el marido de María, la madre del Señor, Mat. 1:20; 2:13, 19-20, y los muchos que aparecen en el A.T., en los que Dios decía a las personas que hicieran ciertas cosas, o les advertía, y como consecuencia de esas visiones o sueños ellos comprendían algo acerca de Dios; Dios se les revelaba, Isa. 6:1-5.

F) Otra manera, aparte de las anteriores, pero también dentro de la revelación especial, es la inspiración. En la Biblia se nos dice que Dios puede inspirar a las personas para que escriban palabras, para que comprendan o para darles un mensaje especial. Esta es la base de toda la profecía, de modo que al hacerlo, Dios se estaba revelando a Sí mismo, revelando la verdad acerca de Él, diciendo cosas acerca de Sí mismo, de lo que es o de lo que hace o va a hacer.

G) Finalmente, cuando hablamos de revelación especial, hemos de considerar todo aquello que tiene que ver con la redención del hombre, porque no hay nada tan importante como esto. Así, si pensamos en la historia de Noé, no solo se manifestó Dios a él y le dijo lo que iba a hacer, y lo hizo, sino que dijo el modo en que Noé y su familia, los ocho ocupantes del arca, habían de salvarse. Por tanto, aquello no fue solo revelación, sino redención, pues todo el mundo antiguo fue condenado y destruido excepto aquella familia, Gen. 6:8, 17-18.

Lo mismo tenemos en el llamamiento de Abrahám y los sucesos de su vida. Dios tomó a aquel hombre pagano que vivía entre paganos y lo sacó de su ciudad y su ambiente, realizando con él y en él Su plan de redención. Aquellos fueron también actos de revelación especial de Dios.

Siguiendo con la historia tenemos también a Moisés y la zarza ardiente, que no era más que Dios revelándose a Sí mismo de nuevo, Exo. 3:1-6, y dando al mismo tiempo un paso más en esta cuestión de la redención del hombre. Aquello era parte del plan redentor de Dios. Y con Moisés llegamos al mar Rojo que tanto se cita en las Escrituras, Sal. 106:6-12, con el cual Dios estaba no solo revelándose de nuevo sino diciendo a aquel pueblo que lo había apartado para Sí, que lo había sacado de la cautividad y que lo iba a guiar fuera de allí. Todo formaba parte del plan de redención, como lo vemos otra vez en la cautividad de Babilonia y en el regreso del remanente.

Y todo esto, aunque es vital, se vuelve insignificante cuando llegamos al punto central de la Historia, el punto central de la revelación de Dios y de la redención de Dios en Jesucristo, la cual sucedió “cuando vino el cumplimiento del tiempo”, Gal. 4:4-5. Es lo que menciona el autor de la carta a los Hebreos, Heb. 1:1-2, que Dios había hablado antes de muchas formas, pero que ahora lo ha hecho de modo supremo en Jesucristo, Juan 1:18. En Jesucristo tenemos la manifestación suprema del carácter y naturaleza de Dios, Su santidad, Su gloria, y la manifestación suprema del plan de redención, la consumación del mismo. En particular habremos de citar la resurrección, dentro de la revelación y redención de Dios, la cual anuncia y revela que Dios está satisfecho y que hay un camino en que el hombre puede salvarse.

Igualmente debemos incluir el día de Pentecostés, cuando las lenguas de fuego descendieron sobre aquellas personas, lo cual también revela a Dios y forma parte de Su acción redentora. Allí el Espíritu Santo hizo una gran obra, allí se reveló, y allí aplicó la redención que ya se había efectuado. Después, como el mismo Señor prometió, estuvo con los apóstoles dándoles la verdad de Dios para que la conociéramos.

Así que Dios ha hablado, y la Biblia afirma que ella sola tiene esa revelación de Dios. Si Dios no lo hubiera hecho nunca hubiéramos podido conocerle. La revelación de Dios, la única que hay, está en la Biblia, y la vea o no la vea, está en ella. Las preguntas que surgen son: ¿Podemos confiar en este libro?; ¿Podemos creer lo que dice y afirma?; ¿cuál es su autoridad y de dónde le viene? Y estas preguntas nos llevan al tema siguiente, en el que nos detendremos en la autoridad y la fiabilidad de las Escrituras.

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CAD: Tema 1: Introducción

TEMA 1. INTRODUCCIÓN.

Puesto que vamos a comenzar a realizar unos estudios sobre doctrina bíblica, es oportuno que leamos Deu. 29:29, donde se nos habla de la importancia de conocer las cosas “reveladas”, las doctrinas.

1. Lo que vamos a hacer: Vamos a hacer una serie de estudios sobre doctrina bíblica, sobre verdades reveladas en la Biblia, porque toda la Palabra de Dios ha sido dada con este propósito: imprimir en nuestras mentes y nuestros corazones las verdades reveladas de Dios.

La Biblia no es un libro de historia del mundo, ni siquiera de historia de todo lo que Dios ha hecho. Así, Gen. 1-11 nos narra un gran periodo de la historia en forma muy condensada, y los Evangelios tampoco nos dicen mucho acerca de toda la vida del Señor; sólo hablan un poco de Su nacimiento, centrándose sobretodo en los tres años de ministerio que tuvo. De los 30 anteriores se sabe poco. También podemos leer Juan 20:30-31; 21:25. Así que no hay una descripción exacta y pormenorizada ni aún de la vida del Señor Jesucristo y, por tanto, afirmamos que la Biblia no es un libro de historia sin más.

Y entonces, ¿de qué trata la Biblia? Pues el tema de la misma es la historia de la redención, la historia de lo que Dios ha hecho por las personas como consecuencia de sus pecados, y todo lo demás es incidental. Y cuando hablamos de doctrinas bíblicas estaremos haciendo referencia a los distintos aspectos de la obra de redención de Dios hecha por Dios.

Ahora bien, existen muchas clasificaciones dentro de estas doctrinas, y habremos de estudiarlas todas para conocer todas las verdades reveladas.

Lo primero será conocer algo sobre la misma Biblia, lo que enseña ella sobre sí misma, su autoridad, porque si esto no queda claro no podremos considerar las grandes doctrinas que en ella aparecen. Lo segundo será fijarnos en Dios para aprender acerca de Él, (teología). Después tendremos que estudiar al hombre, pues si en la Biblia tenemos la historia de la redención del hombre, necesitaremos saber el porqué de esta obra, cómo es el hombre, y lo que Dios hace con él, (antropología). En cuarto lugar habremos de estudiar al Seños y Salvador que ha hecho posible la redención, pues Él es el centro de toda la obra y toda la Biblia, (cristología). Después habremos de ver cómo se aplica esa obra de redención a las personas, cómo nos apropiamos de ella, (soteriología). En sexto lugar habremos de hablar sobre la iglesia, pues cuando una persona es redimida se incorpora a la iglesia, y la Biblia habla acerca de ella, (eclesiología). Y, en séptimo y último lugar, una vez que somos redimidos y formamos parte de la iglesia, parte del Cuerpo de Cristo, la Biblia nos dice que Dios tiene un plan para nosotros y nos dice también lo que sucederá, lo que será la consumación de todas las cosas, (escatología).

Así que esto es lo que vamos a hacer. No estudiaremos los libros de la Biblia, sino las doctrinas que se encuentran en ellos, pues éstas han sido reveladas para que las conozcamos.

2. Cómo vamos a hacer los estudios: Principalmente los haremos limitándonos a lo que la Biblia dice. No nos vamos a dedicar a estudiar teología en profundidad, ni tampoco a considerar lo que han dicho diversas personas sobre distintos temas a lo largo de la historia, (aunque algunas veces haremos referencias a ellas). Esto sería estudiar teología, y aunque esta disciplina sea importante, no es lo que vamos a hacer. Por ejemplo, en los libros o cursos de teología se estudian las pruebas de la existencia de Dios y se indican los distintos argumentos para ello: el argumento cosmológico, (todo ha de tener un principio, una causa primera), el teleológico, (todo revela orden y finalidad), el de la conciencia, el argumento moral, el ontológico, (el ser perfecto ha de existir), etc.

Pero en la Biblia no aparece eso. La Biblia simplemente proclama la existencia de Dios y nos habla de Él. La da por sentado, y eso es lo que haremos también nosotros, Gen. 1:1. Y no es que los otros estudios no sean importantes, pero hay que tener mucho cuidado cuando se introducen pensamientos y razonamientos humanos porque fácilmente se pueden llegar a conclusiones erróneas.

Además, tampoco vamos a intentar defender las doctrinas. A eso se llama “apologética”, pero no vamos a hacer esto. Simplemente trataremos las doctrinas tal como aparecen en la Biblia y no intentaremos defenderlas, (será lo que suceda con la doctrina de la creación y la teoría de la evolución, que aunque diremos algo, no será exhaustivo).

También habremos de considerar que todas las doctrinas son importantes y necesitan de un cuidadoso examen, no existiendo ninguna de segunda categoría, pues toda es Palabra de Dios. En relación con esto, hemos de tener cuidado con nuestras simpatías u opiniones personales en ciertos temas, con nuestra lógica, o con las ideas de ciertas denominaciones acerca de las mismas.

Finalmente, tampoco trataremos otras cosas que pueden surgir en el estudio pero que no aparecen en la Biblia, que no son doctrina bíblica. En estos casos se puede razonar, pero si la Biblia no nos dice algo respecto a tales cosas, las dejaremos de lado atendiendo a Deu. 29:29. Un ejemplo de lo que decimos es la pregunta “¿De dónde viene el mal?”. La Biblia no lo indica, y aunque se pueden argumentar muchas cosas y es interesante saber algo de este tema, no es doctrina bíblica revelada, y quizás lo mejor es dejar esas cosas secretas para la mente de Dios pues a Él pertenecen.

3. Por qué es necesario realizar estos estudios: Creemos que hay una necesidad importante para comenzar estos estudios, y se pueden dar varias razones para ello.

En primer lugar porque, como cristianos, estamos obligados a conocer todo lo que la Biblia enseña, y en la Biblia se enseña doctrina. Hemos indicado al comienzo que la Biblia no es un libro de historia sino un libro donde fundamentalmente se nos muestra la historia de la redención, la obra de Dios, y se puede leer muchas veces la Biblia sin entender las doctrinas que en ella aparecen, con lo cual lo revelado por Dios será de poco provecho. Este aprendizaje de las doctrinas es lo que los profetas del A.T. pretendían que tuviera el pueblo; por eso los enseñaban, porque creían que tenían la Ley de Dios pero en realidad no la conocían, Esd. 7:10; Neh. 8:8-12, 13-17; Ose. 4:6, 14; 6:3; 8:12. Es lo que hizo también el mismo Señor Jesucristo al explicar la Ley, Mat. 5:21-22, 27-28, 31-32, 33- 34, etc., indicándonos que un conocimiento general y superficial vale de poco. Y es lo que hicieron los apóstoles cuando también predicaban a inconversos o al escribirles las cartas a los creyentes, ya que toda la vida práctica que se pide en ellas y que en ellas aparece lo es como consecuencia de las doctrinas que antes se citan, Hec. 13:34-39, Col. 3:1-3, 5-23.

Otra razón que podemos dar es lo peligroso que resulta no tener una idea general, una visión general, de todo el plan de redención, pues podemos perder de vista “el bosque” a causa de “mirar los árboles”. Es decir, podemos estar estudiando cada libro de la Biblia por separado y llegar a encontrar supuestas diferencias o incongruencias entre ellos cuando en realidad no las hay y solo sucede que no se conoce la doctrina. Es también lo que pasaba con los judíos en los tiempos del Señor, que no conocían la doctrina y se quedaban en la letra sin llegar al espíritu de la Ley. Y es que antes de ser especialista en un tema hay que tener un conocimiento general de conjunto. Por esta falta hay muchas controversias acerca de temas muy específicos, controversias que pueden desaparecer cuando se tiene clara la doctrina.

Un tercer motivo para estudiar la doctrina es que la Iglesia Cristiana, desde sus comienzos y a lo largo de los siglos, siempre ha considerado este hecho como esencial. Desde el principio del cristianismo empezaron a introducirse herejías y falsas enseñanzas, y aunque, por ejemplo, había personas que declaraban que “Jesús es el Señor”, pronto se vio la necesidad de explicar lo que esto significaba, y se vio la necesidad de enseñar ciertas cosas a los candidatos al bautismo. Después las herejías siguieron surgiendo y había confusión en las propias iglesias al tiempo que se extraviaban a los de fuera. Y fue necesario redactar los primeros documentos de fe y doctrina que hoy llamamos “Credos”: el Apostólico, el Niceno, el Atanasiano.

Y como el error y la herejía seguían, la Iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo, creyó conveniente no dar simplemente una biblia abierta a las personas, sino poner por escrito las grandes doctrinas. Y llegó el periodo de la Reforma en el que se redactaron las grandes confesiones de fe, las cuales no pretendían suplantar la Biblia, sino simplemente exponer lo que la Biblia ya declaraba: la Confesión de Westminster, la Confesión Bautista, los Cánones de Dordt, la Confesión Belga, el Catecismo de Heidelberg, etc. Así también surgieron los catecismos, los cuales así mismo fueron concebidos para fortalecer la fe y capacitar para saber con exactitud lo que la Biblia enseña.

Y si todo esto ha sido necesario siempre, ¿no lo será ahora? Ahora estamos rodeados de sectas que pretenden enseñar lo que la Biblia dice; incluso algunas de ellas tienen sus propias Biblias, por lo que es necesario tener conocimiento para no dejarnos llevar de acá para allá, Efe. 4:11-16. Y hasta la propia iglesia se encuentra llena de confusión porque no se estudia ni se predica doctrina en ella, con lo cual hay una disposición a permitir que todo el mundo diga y crea lo que quiera en determinados temas, en contra de lo que la propia Biblia indica, 1a Tim. 1:3, 4:1, 16, 6:3; 2a Tim. 4:3; Tito 2:1-5; Heb. 13:9; 2a Juan 7-11. Hemos de pensar que Satanás se disfraza de “ángel de luz”, y una de sus estratagemas es confundir.

Pero la necesidad de estudiar las doctrinas es porque, en última instancia, es el único modo de conocer verdaderamente a Dios, al Dios que existe, de venir ante Su gloriosa presencia y de aprender algo de las maravillas de Sus caminos y Sus planes respecto a nosotros, de entender la obra del Señor Jesucristo por nuestro pecado, y de conocer también más a la persona y la obra del Espíritu Santo.

Este ha de ser el motivo fundamental de los estudios. No el de tener simplemente más conocimiento, pues el “conocimiento envanece, pero el amor edifica”, 1a Cor. 8:1. El motivo es conocer más a Dios y adorarle cada día más y mejor. No nos podemos acercar a la Biblia como a cualquier libro de estudio, pues en ella estamos acercándonos al Dios Santo, y hemos de hacerlo con espíritu de reverencia, oración y adoración. Y no hay otra posibilidad: tengo que dejarle decir lo que Él es, lo que quiere, lo que yo soy y lo que espera de mí. La doctrina sin la piedad es como un árbol sin frutos, pero la piedad sin la doctrina es como un árbol sin raíces.

Hay personas que piensan que los estudios de teología, los estudios de seminario, son suficientes para después saber más que nadie de muchas cosas de la Biblia. Pero eso no es cierto: si falta el espíritu de adoración, si falta la humildad, o si faltan las ganas de servir y adorar al Dios a quien se pretende conocer, nunca se llegará a dicho conocimiento. El estudiante bíblico ha de ser consciente de su posición ante Dios y ante la Palabra, y cuando nos acercamos a las grandes doctrinas no podemos hacerlo como si fueran simples pensamientos humanos con los que después vamos a decidir estar o no de acuerdo; al acercarnos a ellas nos estamos acercando a Dios, y hemos de hacerlo siempre en una atmósfera de admiración, oración y adoración. No es solo conocimiento intelectual, y no es posible querer tenerlo para después quedarse ahí.

Las doctrinas de la Biblia deberíamos conocerlas y desear conocerlas para que, una vez conocidas, no nos envanezcan, sino que nos acerquen más a Dios en adoración y alabanza, porque habremos visto con ellas, de una manera más completa y exacta, la gloria de nuestro maravilloso Dios. ¡Que así sea!