Amando a los engendrados

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues éste es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. (‭1 Juan‬ ‭5‬:‭1-3‬ RVR1960)

Tres veces en estos cortos versículos tenemos la palabra genaó. Es la palabra que se traduce como “nacido, engendró y engendrado.” Tiene la relación de el dar fruto de uno mismo (el engendrar) y por tanto es parte de uno mismo.

Juan aquí esta indicando lo que ya ha hecho en versículos previos, en todo el libro. El enfasis, sin embargo, de este “en esto conocemos” es saber si amamos a los hermanos en la fe.

Parecería algo un poco más obvio, ¿no? Yo se si amo a mi esposa o no. Yo se si amo a mis hijos o no. Yo se si estoy amando a mis hermanos en la fe o no.

¿O no lo se como lo debería saber?

Cuantas veces nos ocurre que llevamos toda la vida haciendo algo de alguna forma en especifico y hasta que alguien no viene y nos dice “Oye, ¿sabias que se puede hacer esto de esta otra forma, y te va a resultar mucho mas facil?”

Tu te quedas pasmado porque estabas convencido que estabas haciéndolo correctamente. Podemos tomar el ejemplo de amar a los hijos. Podemos pensar que amarles es darles todo lo que quieren. O incluso pensar que amar a mis hijos es evitar que sufran cualquier cosa. Quizás lees un libro y te hace cambiar de opinión de como estas criando a tus hijos.

Aqui Juan da una de sus recetas: Sabemos que amamos a los hermanos cuando amamos a Dios y seguimos sus mandamientos.

Parece sencillo, ¿no?

Pero qué difícil es ponerlo en practica. El hecho de que amemos a Dios tanto que sobreabunde, sobresalga, rebose hacia los hermanos es algo que no acostumbramos a ver en el Cristianismo hoy.

No hace falta que te subas a un escenario, ni que lo publiques en ninguna red social, no hace falta que escribas un libro, ni requiere que abras la boca. Requiere que ames a Dios, y que sigas sus mandamientos de tal forma que cuando otro que hace lo mismo, automaticamente, existe un vinculo, una union que de cualquier otra forma no podría haber ahí.

Juan deja claro que aunque están los mandamientos, no son gravosos. No nos son una carga, no son una imposicion. De hecho, es una palabra (barelai) que se refiere a una carga que restringe movimiento, o opresor.

Los mandamientos de Dios no restringen movimiento. Dan movimiento. Dan vida, y dan orden y estructura y dan perspectiva y dan paz y gozo.

Una persona que no ha conocido realmente a Dios, no entiende esto. No lo puede comprendender. Pero es asi, cuando uno ama a Dios, y sigue sus mandamientos, estos no le son gravosos, y ama a los hermanos.

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