Viviendo a traves de las decepciones – por Warren Wiersbe

Extracto de un capitulo del libro “The Bumps Are What You Climb On: Encouragement for Difficult Days” (Los baches son sobre lo que te subes: Animo para días dificiles) de Warren Wiersbe.

¡¡Ay de mí, por mi quebrantamiento! mi llaga es muy dolorosa.
Pero dije: Ciertamente enfermedad mía es esta, y debo sufrirla. – Jeremias 10.19

Cada uno de nosotros debe aprender a manejar las decepciones de la vida. Todos sabemos lo que significa tener nuestros sueños rotos y nuestros planes cambiados.

A veces la decepción aplasta a personas emocionalmente tanto que les deja discapacitados de por vida. Y sin embargo, hay personas que se elevan por encima de los sueños rotos y viven en la victoria.

En esta meditación, quiero presentarles a un hombre que se enfrentó a la decepción de toda la vida y, sin embargo triunfó sobre todo. Si alguna vez un hombre experimento decepciones y tragedia personal, fue Jeremías. Fue llamado a servir a Dios en un momento difícil de la historia.

También se le dio un mensaje difícil de proclamar, porque Dios le dijo que tenia que advertir a la nación que el juicio venía y tenían que arrepentirse.

Jeremías sirvio fielmente al Señor por más de cuarenta años. Él nunca comprometió su mensaje o su lealtad. Su familia se volvió en contra suya, y al final, toda la nación se volvió contra de él.

Él vivió para ver a su amada nación invadida por el enemigo, y su amada ciudad y el templo completamente destruido.

Si alguna vez un hombre tenía un corazón roto, era Jeremías. Su libro de profecías da testimonio de su carga, y el Libro de las Lamentaciones, que también escribió, tiene manchas de lágrimas en casi cada versiculo. Imagínese servir fielmente a Dios para toda la vida y, al final, viendo que todo se desmorona!

Jeremías pudo haber muerto un hombre amargado y quebrantado, pero no lo hizo. En la fuerza del Señor fue capaz de enfrentarse a sus decepciones y aceptarlas.

Podriamos mirar muchas declaraciones en la profecía de Jeremías que indican su valor y fe, pero sólo una de ellos llega a la necesidad en este mensaje.

Se encuentra en Jeremías 10:19: “¡¡Ay de mí, por mi quebrantamiento! mi llaga es muy dolorosa. Pero dije: Ciertamente enfermedad mía es esta, y debo sufrirla.”

Esa declaración es, para mí, una de las más grandes declaraciones de fe y fidelidad encontrada en cualquier lugar en la Biblia. Aprendamos del profeta Jeremías cómo enfrentar y conquistar las decepciones de la vida.

La primera verdad que nos enseña es esto: debemos esperar las decepciones. La vida no siempre va a ser soleado y claro; habrá días – y tal vez semanas, cuando será tormentoso y oscuro. Algunas personas tienen la idea de que los fieles cristianos escapan decepciones, pero esto no es cierto.

Dios no garantiza que nunca vamos a tener un corazón roto. Dios no promete tomar nuestras lágrimas este lado del cielo. Al leer la Biblia, y al leer biografías cristianas, descubrirás que los santos fieles de Dios tienen su cuota de decepciones.

¿No te parece que el piadoso Abraham estaba decepcionado con el comportamiento de su sobrino Lot?¿No fue Jose agobiado por el trato egoísta que recibió de sus hermanos? Los pecados del pueblo de Israel rompieron el corazón de Moisés durante tanto tiempo que incluso quería morir! El rey David tenía grandes planes para su familia, sin embargo, algunos de sus hijos fueron tan pecaminosos que casi destruyeron la nación. Al leer las cartas de Pablo, ves que él también sabía lo que era sufrir la decepción y tener sus propios colaboradores en el ministerio fallandole a él y al Señor.

El Señor nunca nos prometió una vida fácil, por lo tanto, hay que esperar las decepciones.

Jeremías no trató de engañarse a sí mismo pensando que todo estaba bien. “¡Ay de mí, por mi quebrantamiento!”, escribió. “Mi llaga es muy dolorosa.”

Admitió que su corazón estaba roto. Abiertamente confesó que había sido herido por los que debería haberle causado alegría.

Hay que esperar la decepción; es uno de los hechos duros de la vida.

El profeta Jeremías nos enseña una segunda verdad: nuestras decepciones están en las manos de Dios. Estoy seguro de que hubo muchos momentos en los que el profeta pensó que había sido abandonado por Dios.

¿Por qué Dios no contesta sus oraciones? ¿Por qué no estaba siendo usada la Palabra predicada llevando fruto y cambiando la nación? ¿Realmente vale la pena quedarse allí y ministrar a esas personas de corazón tán duro?

Dios sabía lo que estaba pasando, y Dios estaba en control  y sobreviendo la vida de Jeremías. Dios permitió que su siervo sufriera. Dios lo protegió cuando el rey quería matarlo, y Dios proveyó para él para que no pasára hambre. Dios sabía exactamente cómo Jeremías iba a morir, y Él no previno. Dios estaba allí pero Jeremías ni vio ni sintió su presencia.

La primera mentira de que el enemigo nos susurra cuando llega la decepción es que Dios haya fallado. Tal vez has recibido el informe de un médico, y el informe no es lo que esperabas. Has orado, lees tu Biblia y has reclamado las promesas de Dios, y aún así ha venido la decepción.

¿Significa esto que Dios ha fallado? No, no es así. ¿Significa que hemos fallado a Dios? No necesariamente. Jeremías fue fiel en servir a Dios hasta el punto de la muerte, y sin embargo él no vivió para ver su sueño cumplido para su pueblo.

Dr. AT Pierson solía decir: “Las decepciones son sus prescripciones.” Se necesita fe para creer eso y descansar en ello, pero es cierto que Dios todavía está en el trono, y él va a cumplir sus propósitos maravillosos en nuestras vidas , si se lo permitimos.

Si luchamos en contra de las circunstancias en amargura, entonces Dios no puede lograr en nosotros y a través de nosotros todo lo que tiene en mente. Si nos rendimos y confiamos en él para hacer lo que es mejor, entonces todas las cosas ayudan a bien.

Escucha la declaración de fe de Jeremías mientras se enfrenta a las decepciones dolorosas de la vida: “¡Ay de mí, por mi quebrantamiento! mi llaga es muy dolorosa. Pero dije: Ciertamente enfermedad mía es esta, y debo sufrirla.”

Él no culpa a Dios o a otras personas; él no trató de “escurrir el bulto”; él no luchó en contra de las circunstancias y trato de cambiar la opinión de Dios. Él aceptó por fe la carga de su pena, y confiaba en Dios para resolver su perfecta voluntad.

Hay una ley básica en este universo que dice: “Lucha en contra de  la voluntad de Dios yacabaráss roto; acepta la voluntad de Dios y te hará. ”

¿Qué vas a hacer?

Hemos aprendido dos útiles verdades acerca de las decepciones de la vida: en primer lugar, vamos a esperarlos; en segundo lugar, debemos creer que Dios está llevando a cabo un plan perfecto.

La tercera verdad es esta: ríndete a la voluntad de Dios y deja que Él sane tu corazón roto y cumpla sus deseos.

Jeremías no luchó contra Dios, aunque hubo momentos en los que cuestionó la voluntad de Dios. Él no trató de salirse con la suya. En lugar de eso Jeremías cedió a la voluntad de Dios y dejo que Dios llevara a cabo Su plan perfecto.

¿Cuál fue el resultado? La nación fue tomada prisionera y llevada a Babilonia. Y Jeremías fue secuestrado y llevado a Egipto por unos fanáticos, y allí, según tradición, fue apedreado hasta la muerte por predicar la verdad.

La historia no tiene un final feliz, pero en la voluntad de Dios, cada final es un final feliz. Dios no juzga la vida de un hombre por lo que dicen los periódicos. Él juzga con justicia sobre la base de lo que es eterno.

¿Qué dijo Dios al cumplirse en esta trágica historia?

Por un lado, Dios hizo a un hombre que se parecía mucho al Señor Jesucristo. Cuando Jesús estaba aquí en la tierra, preguntó a sus discípulos lo que la gente decía de Él; y una de las respuestas fue: “Tú eres el profeta Jeremías.”  (Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Mat 16.14)

¡Qué excelente cumplido, el ser comparado con el Señor Jesucristo! Cuando se lee la vida de Jeremías, se pueden encontrar muchos paralelismos entre él y el Salvador, y lo que lo hizo de esa manera fue su sufrimiento. Las mismas decepciones de la vida fueron las herramientas que tallaron Jeremías y lo pulido y lo hicieron como JesúCristo.

¿No es de eso de lo que tratan las decepciones? Dios está obrando todas las cosas para que ayuden a bien, (según Romanos 8:29) y parte de ese bien  es para que podamos ser conformados a la imagen de su Hijo, hechos más como el Señor Jesucristo.

Los cinco hombres en el Antiguo Testamento que mejor imagen son del Señor Jesucristo son hombres que sufrieron, José, Moisés, Daniel, David y Jeremías. Por lo tanto, si tu y yo sufrimos, es porque Dios nos quiere pulir y hacernos como a su propio Hijo.

Dios construye el carácter atraves las decepciones de la vida y Él también da un testigo. En medio de sus decepciones, Jeremías dio testimonio al Señor y dio su mensaje a la gente. Por su predicación y su vida, Jeremías señaló a otros a Dios.

Las decepciones no son sólo oportunidades de madurez, pero también son oportunidades para el ministerio. Nosotros hoy tenemos los escritos de Jeremías para nuestro propio aprendizaje y vivir porque el profeta fue fiel a Dios.

Al aceptar decepciones, confíando en Dios, y cediendo a Él, dejas algo detrás para ayudar a otros en las batallas de la vida.

“Ciertamente enfermedad mía es esta, y debo sufrirla”, escribió Jeremías. No se quejó de ello, aceptó sus decepciones y dejo que Dios lo usara para su bien y para la gloria de Dios.

Traducido por J. Valcárcel

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