Queriendo, y creyendo lo mejor

Porque éste es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. (‭1 Juan‬ ‭3‬:‭11‬ RVR1960)

¿Cuantas veces ha sido que has oído que tienes que amar a tu hermano? Si has asistido con alguna regularidad a una iglesia o simplemente lees tu Biblia, lo más seguro son más veces de las que te puedes imaginar.

¿Porqué piensas que hay un énfasis tan grande en la Biblia sobre el amor entre hermanos?

¿No es verdad, cuando somos padres, que recalcamos y realzamos aquello que vemos que nuestros hijos hacen mal continuamente y no les dejamos “en paz” en cuanto a aquella cuestión?

Dios nos ve con un problema, y ese problema serio es el amor entre los hermanos. Por eso es un tema recurrente en toda la Biblia.

Once veces sale en el NT, cinco dichas directamente por el Señor Jesus mismo. ¡Once! ¿Te parece poco?

Te suena lo del “yugo desigual”, ¿no? No minimizandolo, porque es extremadamente importante, pero si queriendo ver cuantas veces sale tal frase: 1. Si, una.

Once veces sale “amaos unos a otros”, pero eso es sin contar la de veces que nos dice que amemos a nuestros prójimos, nuestros vecinos, la palabra amor sale 269 veces (ágape) y 51 veces (fileo) – ¡el amor tiene un capítulo entero de la Biblia dedicado a explicarte QUE ES!

Pero no, no es importante. No poco importante, querrás decir.

La cosa es que cuesta. No es fácil de desprenderte de ti mismo, lo que tu quieres y deseas y de entregarte a lo que otro quiere.

Un análisis apropiado de 1 Cor. 13 nos podría ayudar a analizar nuestra relación con otros y poder animarnos a seguir más de cerca este mandamiento, repetido una y otra vez.

Hay tanto que nos podríamos ahorrar en el cuerpo de Cristo sí simplemente pusiéramos más en práctica esas 5 palabras: “ámalo” u “ámala“.

El versículo 12 empieza con las palabras “no como Caín…..” Es como si alguien estuviera contestando a lo de amar a su hermano, y la Biblia rápidamente dice, “Si, pero no lo ames como Caín, mira como acabo eso.”

Dejo la meditación de hoy con estos versículos:

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (‭1 Corintios‬ ‭13‬:‭1-13‬ RVR1960)

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