Sin pecado?

Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. (‭1 Juan‬ ‭3‬:‭6‬ RVR1960)

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. (‭1 Juan‬ ‭3‬:‭9‬ RVR1960)

Una de las cosas (de las muchas cosas, desafortunadamente) que se discuten y son causa de división entre hermanos es este concepto de si una persona continúa pecando una vez que es salvo o no.

En estos dos versículos (6, 9) a simple vista y leída nos indicarían que “todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido“. Son palabras fuertes, con una consecuencia aún más fuerte.

Esto ha llevado a algunos a pensar en que la vida cristiana es un estado de perfección sin pecado continuo. Viven en una burbuja espiritual y no están afectados por las mundanalidades comunes.

Y aunque sí que es verdad que la Bilbia habla de nuestra santificación como algo progresivo y no algo específico a un momento, como la salvación, es un proceso al que llegamos. Miramos a Cristo e intentamos emularle y seguirle, despojando todo aquello que nos estorba e impide al seguirle de cerca.

La cuestión se resuelve en estos dos versículos si nos damos cuenta de los tiempos en los que están escritos. Mira cuanto más entendible o asumible es esta forma de traducir: “Todo aquel que permanece en el, no permanece en el pecado; todo aquel que continuamente vive en pecado, no le ha visto ni le ha conocido.”

La clave no está en el pecar en sí, sino en sí uno reside, ha tomado hogar, se ha aposentado, esta cómodo, no siente malestar y disfruta de estar en ese pecado.

Ha perdido la sensibilidad de el Espíritu Santo que le permite a todo cristiano recibir humildemente la amonestación de cualquier otro creyente.

Ha perdido el fervor y el deseo de agradar a su Dios con amor recíproco. Se ha olvidado de su gran regalo en Cristo.

Ha perdido su primer amor.

El hecho de que una persona sea nacida de Dios no quiere decir que automáticamente no vaya a pecar más. No es posible, la perfección sin pecado en este mundo.

Pero lo que si que se puede y se debe buscar es una comunión perfecta, cercana y estrecha con Dios y así poder contrarrestar los efectos y trazos de el viejo hombre presentes en este cuerpo. La comunión diaria con Dios, la oración o comunicación diaria con Dios no tienen substituto con nada más. No hay.

Sí ves que estas frío, ¿no vas a calentarte? Sí ves que tienes hambre, ¿no comes?

Sí ves que estás en pecado, arrepientente y corre a Cristo, que sólo El salva; en sus brazos mantente y posicionate como lo que ahora eres: hijo de Dios.

Mantén la comunión viva con El, y asegúrate de seguirle como El quiere, no como tu quieres.

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