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Perdón y limpieza

Hay tantas cosas de Dios que ya no nos sorprenden y que nos deberían sorprender.

Una de ellas es el hecho de lo que dice este versículo. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”

Tan fácil y sin ninguna clase de explicación, Dios podría haber dicho que El se reserva el derecho de perdón. O en el caso de que haya perdón justificado, te lo estaría recordando el resto de tu vida. O puede que haya perdón, pero te va a hacer sufrir un rato antes de que te puedas sentir bien delante suyo.

Ese comportamiento lo asociamos con orgullo, altivez y crueldad, las cuales no son cualidades de Dios.

Dios nos perdona. Esta palabra es afiemi, sacar, echar fuera, separar, incluso dos veces se traduce como divorciar!

Dios echa fuera de sí tu pecado, mi pecado. Lo saca del medio. No está en la conversación. El pecado molesta, interrumpe, y quita la posibilidad de comunión, y es cuando el individuo, por medio de la constante y redarguyante mano del Espíritu, se acerca y pide perdón, confesándolos, que Cristo los saca de el lugar de estorbo, para no verlos, ni tenerlos en cuenta.

Y no “sólo” eso, sino que nos limpia: nos vuelve a dar pureza. Esto significa que en el momento de la confesión, Dios puede dar comunicación y consuelo. Comunicación porque restaura la vía que se había entorpecido, y consuelo porque levanta la suciedad de el alma y la vida del afectado. Esta pureza no es simbólica, es muy real: quita la carga de culpa, da sentido a lo real y trae paz y alegría al corazón.

¡Cuanto no apreciamos lo que Dios ha hecho y hace a diario por nosotros!

1 Juan, Conociendo a Cristo

Eso ya lo he dicho yo…..

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. (‭1 Juan‬ ‭1‬:‭9‬ RVR1960)

Hay muchas veces que nos molesta cuando alguien dice lo mismo que nosotros. De hecho, cuando uno es niño, es una de las formas más fáciles de molestar a otro, repitiendo cada palabra que dice.

Pero cuando Dios dice “homologeo“, El quiere que tu repitas lo que El dice de algo.

En este versículo se traduce como confesar. Cuando confiesas algo, estas diciendo lo mismo, estas de acuerdo con, y con la misma mentalidad que el escritor u orador inicial.

¿Qué piensa Dios del pecado? Cuándo nos equivocamos y caemos en tentación, estamos en desacuerdo con Dios sobre que es el pecado. No le estamos ‘repitiendo’.

Pero cuando confesamos, estamos poniéndonos en línea, de hecho intensamente, ¡ya que implica también proclamar y dar gracias y prometer!

El miedo y la frustración nos pueden cegar al pensar en confesar nuestro pecado delante de personas. Tememos las repercusiones que pueda haber relacionado con la verdad, y nos callamos, no dándonos cuenta que el hoyo que cavamos es peor que el que supuestamente estaríamos confesando.

Digo supuestamente, porque tal como Dios obra en ti para que estés receptivo a Su Espíritu, obra también en los que te rodean y quieren que reciben tu confesión.

Hasta ahora hablaba de personas a tu alrededor, pero el pasaje habla de a quien más cuentas, y por tanto más respeto y seriedad deberías tener al confesar: a Dios.

¡Qué responsabilidad pensar que debes venir delante de Dios y contarle todo lo que has hecho en contra de su soberana voluntad!

Terror de las consecuencias sería lo mínimo que pasaría por nuestra cabeza.

Eso es, si este versículo no acabara.

¡DICE QUE DIOS ES FIEL Y JUSTO PARA PERDONARNOS!

Antes incluso de nuestra confesión, ya tenemos como va a responder Dios. Imagínate qué descanso y que alivio, no tener que estar en ascuas para saber tu resultado eterno delante de Dios.

Dios es fiel. Pistos, o uno en el cual puedes depositar confianza sin temor. Fiable, sería otra forma de verlo.

Dios es justo. Dikaios, o imparcial. Es recto, medido, conforme a su propia voluntad.

Y esto es lo que hace: “el es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

1 Juan, Conociendo a Cristo

¿Tener pecado, yo?

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. (‭1 Juan‬ ‭1‬:‭8‬ RVR1960)

¿Quien puede decir que no tiene pecado? La respuesta automática es nadie, pero precisamente es eso, automático. No pensamos, escudriñamos ni analizamos profundamente , sólo lo tomamos como un hecho.

Y casi es como si fuera natural que pensáramos así, y que asumimos que el “pecado viene con el paquete”.

Aquí Juan deja claro que no es simplemente él tener pecado, si decimos q no tenemos, sino la palabra que usa trata de guardar. Es tu posesión. Creo que refiere a TU pecado, el que nadie más conoce o el que es tu debilidad y el que Satanás recurrirá porque sabe que hay un punto de ataque fácil.

Existe la persona que puede pensar tan alto de sí misma que piensa ser mejor, o estar or encima de estos pecados, pero este pasaje lo deja muy claro, “nos engañamos” nos desviamos, nos giramos y vamos en otro rumbo diferente del que Dios ha provisto .

Pero si sólo hace un par de versículos, en 1.6, dice que no podemos andar en tinieblas y tener comunión con el Dios de luz, y si decimos que lo hacemos, somos mentirosos y no practicamos la verdad. Ahora dice que somos mentirosos y la verdad no está en nosotros sí decimos que no tenemos (cogemos, agarramaos, tenemos por pertenencia) pecado!

Parece una discrepancia y algo aparentemente contrario, pero lo que esta indicando es simplemente que debes recordar dos cosas:

1: debes vivir tu vida en luz, sin pecado habitual ni residual (1.6)
2: debes vivir tu vida sabiendo que tienes una naturaleza pecaminosa y por lo tanto, buscas hacer (1) humildemente y no engañandote al pensar que esto es algo que tienes superado.

No podemos olvidar que la actitud pecaminosa más susceptible a un ataque del Enemigo es el orgullo personal. La Biblia misma nos recuerda que el que dice estar firme, mire que no caiga.

Este es el engaño. La suficiencia en mi yo, y no buscar la todo suficiencia de Dios.