Inútiles en las manos de Dios

Parece excesivo decir que un cristiano pueda ser inútil, pero si las palabras proceden de los labios del Juez de toda la tierra, ¿quién no temblaría ante la posibilidad de ser hallado en tal condición? Jesús tuvo muchos seguidores con muy buenos deseos, pero no todos le eran útiles. En varias ocasiones Jesús advirtió a aquellos que le seguían con estas palabras: si alguno quiere venir en pos de mí… Diríamos que esta es una cláusula condicional y por lo tanto, si queremos de verdad seguir a Cristo, hay ciertos requisitos que debemos cumplir. No estamos hablando de acudir a Él en busca de perdón, o incluso buscar refugio y socorro en momentos puntuales, en medio de dificultades. Estamos hablando de seguirle, paso a paso, día a día, sin alejarnos de su presencia ni un instante. En una palabra, ser sus discípulos. Y serle útiles. Cualquiera de vosotros que no renuncia a todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo. Buena es la sal; mas si la sal fuere desvanecida, ¿con qué se adobará? Ni para la tierra, ni para el muladar es buena; fuera la arrojan. (Lucas 14.33-35)
Hay dos palabras clave en estos versículos, renunciar y ser desvanecido. Dice el Señor que debemos renunciar a las cosas que poseemos. No son aquellas cosas que aún no tenemos pero deseamos tener, no son nuestros sueños y ambiciones. Son aquellas cosas que tenemos ahora. Cada persona es un mundo y cada uno posee cosas diferentes, pero hay algo que todos tenemos en común: tiempo. La frase más famosa hoy en la iglesia es “me encantaría, pero es que no tengo tiempo.” En la mayoría de los casos lo que significa en realidad es “no quiero buscar el tiempo para esto, porque no me importa lo suficiente.” Es cierto que nadie tiene tiempo, y al mismo tiempo, ¡todos lo tenemos! ¿Cuál es el problema entonces? Que mi tiempo es mío y no quiero renunciar a él. Y esto me ciega a las oportunidades que el Señor pone delante mío de serle útil. Poco a poco, me atrofio y día tras día me convierto en un inútil para el Señor.
El Señor mismo condenó el llamar inútil a tu hermano, reconociendo que era un insulto digno del infierno de fuego (trad. fatuo en Mat 5.22), pero es Él quien usa esa misma palabra aquí. Dice que la sal es desvanecida, y después vuelve a repetir que no es buena ni para la tierra ni para el muladar, y que lo único que se puede hacer con ella es tirarla. Pablo advierte a Timoteo y a Tito que deben desechar las cuestiones necias que no edifican y que solo sirven para crear contienda, porque son sin provecho y vanas, o inútiles (2 Tim 2.23 y Tito 3.9).
Si yo, un cristiano, redimido y lavado por la sangre de Cristo, no quiero renunciar a las cosas que poseo, me hago inútil para mi Redentor, y no sirvo para nada a Aquel que me amó hasta tal punto que se despojó a sí mismo de la gloria que poseía en el Cielo con el Padre, tomó forma de siervo, sufrió la misma debilidad que yo y entregó su vida en la cruz como propiciación por mis pecados.
Señor, líbrame de serte inútil. Lávame mas y mas de mi maldad. Y dame discernimiento para ver esas cosas que poseo que me atan y no me dejan seguirte fielmente y serte útil. Renuncio a todo por ti, Señor, porque Tú lo hiciste primero por mí.

– autor anónimo

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