El Señor al que ama…

Porque el Señor al que ama, disciplina.” Heb 12.6

Cuando vienen problemas a nuestra vida, tendemos a olvidarnos de este hecho bendito. Si no tuviéramos castigo deberíamos preguntarnos si realmente somos hijos de Dios o no. Este pasaje (5.11) es muy explícito: si no tenemos castigo, somos bastardos y no hijos. Claro que, los injustos tienen sus problemas, y el camino del transgresor es difícil, pero la aflicción de los injustos no es el castigo del Padre. No son sus hijos.

En estos días de nociones libres, lunáticas y ligeras en cuanto a la educación de los hijos, la disciplina no quiere decir mucho. Pero Dios no ha cogido este nuevo patrón. El versículo 9 dice, “tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos.” Desafortunadamente muchos padres no han corregido, y muchos hijos no tienen reverencia ni hacia ellos ni hacia Dios. Pero el Cristiano obediente acepta la disciplina de Dios, busca aprender de sus lecciones y gana el fruto apacible de justicia. El propósito de Dios es que participemos de Su santidad. Sin duda, eso vale lo que cueste.

Pero nunca debemos olvidar esto: el castigo de Dios siempre se origina en Su amor. Porque somos partícipes de la naturaleza Divina, Sus hijos, nos castiga para que así podamos participar de Su santidad.

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