Conociendo a Cristo, Solo Cristianos, Vance Havner, Vida Cristiana

De banquete y compartiendo

Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza.” Neh. 8.10

El reavivamiento bajo Esdras creció alrededor de la Palabra de Dios. El Evangelio no es ni un funeral ni un juego pero sí es un banquete y nuestro deber está dividido en tres partes. Hemos de “comer grosuras”, alimentarnos de la doctrina sólida y sustamciosa del Libro. También hemos de beber del “vino dulce”. La Palabra de Dios no solo fortalece sino que también edulcora, es mas dulce que la miel y su panal. Algunos creyentes son fuertes, pero no dulces.

También hemos de enviar porciones “a los que no tienen nada preparado”. Hemos de compartir, como Sansón, con sus manos llenas de miel de su encuentro con el león.

El festín del Evangelio, por lo tanto, indica fuerza, dulzura y generosidad. No llegamos a experimentar lo que Dios ha provisto hasta que no participamos de las tres. Un reavivamiento verdadero, como el de los días de Esdras, come de las grosuras, bebe del vino dulce y envía porciones a los que no tienen.

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El Señor al que ama…

Porque el Señor al que ama, disciplina.” Heb 12.6

Cuando vienen problemas a nuestra vida, tendemos a olvidarnos de este hecho bendito. Si no tuviéramos castigo deberíamos preguntarnos si realmente somos hijos de Dios o no. Este pasaje (5.11) es muy explícito: si no tenemos castigo, somos bastardos y no hijos. Claro que, los injustos tienen sus problemas, y el camino del transgresor es difícil, pero la aflicción de los injustos no es el castigo del Padre. No son sus hijos.

En estos días de nociones libres, lunáticas y ligeras en cuanto a la educación de los hijos, la disciplina no quiere decir mucho. Pero Dios no ha cogido este nuevo patrón. El versículo 9 dice, “tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos.” Desafortunadamente muchos padres no han corregido, y muchos hijos no tienen reverencia ni hacia ellos ni hacia Dios. Pero el Cristiano obediente acepta la disciplina de Dios, busca aprender de sus lecciones y gana el fruto apacible de justicia. El propósito de Dios es que participemos de Su santidad. Sin duda, eso vale lo que cueste.

Pero nunca debemos olvidar esto: el castigo de Dios siempre se origina en Su amor. Porque somos partícipes de la naturaleza Divina, Sus hijos, nos castiga para que así podamos participar de Su santidad.

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«Y HOY»

Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” Heb 13.8

Se dice que George Müller tenía en su escritorio esta frase: “Y HOY”. Bien puede él, y algunos como él, haber demostrado la veracidad de ello. No es difícil creer en JesuCristo como el mismo ayer. Y Él tambien probará algún día que es el mismo por los siglos. Pero JesuCristo es el mismo HOY – ¡qué cantidad de tiempo que tenemos con esa palabra! En medio de la monotonía aburrida de las cosas como están, cuando el cielo está plomizo y nada irrumpe la escena poco interesante, es mas fácil visualizar al Cristo de Galilea del Pasado o el Cristo Glorioso del Futuro que esperar grandes cosas del Cristo Sin Atractivo del Ahora.

Pero nuestro versículo insiste en “Y HOY.” No lo veremos en la carne, como le vieron en el pasado, y no lo vemos con todas las cosas bajo su dominio como un día le veremos, pero Él dijo que estaría con nosotros “todos los días”, y eso incluye hoy.

¿No son muchas las experiencias Cristianas como este versículo con el “y hoy” en letra minúscula – con una fe fuerte en el Cristo de ayer y el de los siglos pero con una fe muy débil en Su presencia y poder hoy?