Vance Havner, Vida Cristiana

Andando en la Luz

Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él. Col 2.6
Dios no simplemente quiere que “estemos” firmes, Él desea que “andemos” firmes. Muchos han “sido firmes” y aun están firmemente en el mismo sitio; durante años no han progresado. El Nuevo Testamento da mucha importancia a nuestro andar. Andamos por fe, no por vista. Hemos de andar en la luz, andar en amor, andar en vida nueva, andar como es digno de nuestra vocación, andar sabiamente, andar como es digno de Dios, andar honestamente, andar en verdad, andar como Él anduvo. La vida Cristiana comienza con un paso de fe: “de lamanera que habéis recibido al Señor Jesucristo” – y procede paso a paso – “andad en él.”
Tenemos la inclinación a mantenernos tan firmes en nuestras convicciones que se nos olvida seguir adelante, andando diariamente con Dios como Enoc. Nuestra fe crece a medida que andamos. Y no dejes que tu lengua adelante demasiado tus pies; tus palabras y tus hechos deben ir al mismo paso. ¡Practica lo que predicas!
Fe, Vance Havner, Vida Cristiana

Preocupados por el clima

El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará. Ecc. 11.4

Si un granjero se esperara hasta que estuviera seguro del tiempo que va a hacer nunca conseguiría recoger su cosecha. Tiene que considerar el tiempo, y tiene que enfrentarse a él, pero no puede estar seguro de ello. Así que cada año hace un paso de fe.

No podemos dejar que los vientos y las nubes de circunstancias determinen nuestro camino. No podemos cosechar para Dios con un ojo puesto en el tiempo. Al igual que con el granjero, las circunstancias se han de considerar, y no las desestimaremos neciamente, pero no debemos dejar que sean el factor decisivo al realizar nuestras decisiones.

Demasiados santos viven con temor yendo de una predicción del tiempo a otra, analizando los cielos y mirando las nubes, conscientes de “las circunstancias” en vez de Cristo. La fe va por delante en buen tiempo y en malo. Rompe el terreno baldío, siembra la semilla, cultiva la siega y recoge el fruto. Puede haber plagas e inundaciones y sequías, pero el Señor de la mies se ocupará de que nuestro trabajo en el Señor no sea en vano.

Solo Cristianos, Vida Cristiana

Ni evasivos ni integradores, sino Cristianos

Se nos dice que hay dos maneras de enfrentarnos a los tiempos actuales. Una de manera evasiva y la otra de manera integradora. La primera puede llevarnos al aislamiento. De este pensamiento surgieron los monásticos. Estos creían que el cristianismo no debía formar parte del mundo y sus sistemas, y practicaban “no sois del mundo”.

Este pensamiento suele mirar al mundo con cierto desdén. Suele decirse que cualquier cosa que crea Egipto es errónea, anti-dios y malsana para el cristiano. Por lo tanto debemos repudiar todo lo que venga de la escuela de Babilonia.   La segunda manera de enfrentarse al mundo es de manera integral,  una palabra muy usada en todos los círculos. Integral significa que contiene todas sus partes. Estos sostienen el “estamos en el mundo” y por lo tanto debemos integrarnos y participar  de él, incluso corriendo el riesgo de juntar lo secular al pensamiento cristiano. El primero se aparta para no contaminarse y el segundo se puede contaminar por acercarse. Cristo dijo que somos la luz y la sal de la tierra y que nunca debemos perder la visión de nuestra posición como creyentes. Debemos vernos como extranjeros y peregrinos, sin morada permanente, pero por un tiempo debemos transitar por este mundo sin ser afectado por él, pero afectando a muchos por los que somos en Cristo. Tertuliano dijo ¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? Nada, pero mucho. Nada por cuanto en cada una de ellas existe una filosofía de vida y pensamiento diferente, pero mucho por cuanto cada una de ellas se rige por los mismos principios naturales.

Durante mucho tiempo el creyente debe de hacer un sobreesfuerzo en conocer el lugar que ocupa en esta sociedad. No podemos negar que el mundo es antagonista al cristianismo. El apóstol Juan dice, “ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye, nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios nos oye; el que no es de Dios, no nos oye”. (1 Juan 4:5,6). Clara definición de dónde está cada uno. Hoy en día corremos el riesgo de perdernos en la cultura de este mundo. Al paso que va todo, creo que no será muy difícil de seguir las tendencias de la generación presente. El cristianismo siempre ha tenido un claro diferencial con la cultura presente, y cuando hablamos de cultura nos referimos al pensamiento presente como principio unificador,  y hoy en día es el humanismo. El diferencial del cristianismo es Cristo y su palabra  y cuando queremos rebajar las demandas de Dios a lo que la sociedad nos ofrece estamos hipotecando nuestro buen futuro. Acertadamente esta W.R. Ingre cuando dijo, “la iglesia que se casa con el espíritu de su época corre el peligro de encontrarse  viuda en la siguiente generación”.  Creo que la filosofía del activismo sociocultural que impregna la iglesia actual ha matado el espíritu  evangelizador. Solemos tener todo tipos de reuniones, pero en muy pocas de ellas hay lugar para la Palabra expuesta y si se expone debe limitarse a un tiempo muy breve, para no ofender, claro. Sé que es fácil generalizar, pero sólo hay que ver la diferencia de una iglesia neotestamentaria a la iglesia actual, la cual abunda de gran actividad socio cultural y poca de espiritual.

La iglesia actual esta perdiendo el norte en cuanto a su liturgia. El mundo ha entrado en la iglesia y quiere destrozar “el tradicionalismo”, del cual nos hemos beneficiado durante muchos años. Estamos cambiando lo trivial, por lo sagrado, la Palabra por comentarios, la adoración por diversión, la separación bíblica por integración y si continuamos así, la palabra liturgia será un sacrilegio mencionarla. Existe un miedo a lo formal, al orden, a la decencia. Miedo de ser tachado de antiguo y conservador, fundamental y radical. La presión del pensamiento humanista esta haciendo sus mejores esfuerzos para cambiar todas las cosas y adaptarlas a la corriente actual. La iglesia del Señor no puede permitir que el mundo nos enseñe a adorar a Dios. Mantenemos la tradición porque esta es buena, porque el bien hacer y el hacerlo bien debe formar parte de una iglesia que esta en el mundo, pero no es del mundo. Nos hacen escoger  entre “evasivos o integradores”, nosotros escogemos lo bueno y desechamos lo malo.

Tomado de www.esglesiabiblica.com

C. H. Spurgeon, Oración, Vida Cristiana

La Oración

“He aquí, él ora.” Hechos 9.11

Nuestras oraciones suben al cielo instantaneamente. En el momento en que Saulo empezó a orar, Dios le oyó. Aquí hay consuelo para el alma turbada, pero que ora. A menudo, un alma pobre y de corazón quebrantado dobla sus rodillas, pero no puede mas que emitir suspiros y lágrimas; pero ese gemido ya ha hehco vibrar todas las harpas del cielo; Dios ha recogido esa lágrima y la ha guardado en el lacrimatorio del cielo. “Pon mis lágrimas en tu redoma” implica que Dios recoge nuestras lágrima conforme éstas fluyen. El Altísimo entenderá bien al alma suplicante cuyo miedo detiene sus palabras. Quizá solo puede mirar al cielo con ojos llorosos; pero la oración es la caída de esa lágrima. Las lágrimas son los diamantes del cielo, los suspiros son parte de la música de la corte de Jehová, y se enumeran entre los sonidos más sublimes que alcanzan la suprema Majestad. No pienses que tu oración, por débil y temblorosa, no será oída. La escalera de Jacob es noble, pero nuestras oraciones descansan sobre el Ángel del pacto y ascenderán más allá de las estrellas. Nuestro Dios no solo escucha la oración, sino que también se deleita en escucharla. “No se olvidó del clamor de los afligidos.” Cierto, Él no presta atención a la mirada altiva y las palabras nobles; no da importancia a la pompa y el boato de los reyes; no escucha el sonido tremendo de la música marcial; no presta atención al triumfo y orgullo del hombre; pero dondequiera que haya un corazón en gran dolor, o un labio que tiemble con agonía, o un profundo gemido, o un suspiro penitente, el corazón de Jehová se abre; lo marca en el registro de su memoria. Él pone nuestras oraciones, como pétalos de rosa, entre las páginas de su libro de recuerdos, y cuando éste se abra al fin, habrá una dulce fragrancia que ascienda al trono de la gracia.

“Su oración llegó a la habitación de su santuario, al cielo.” II Cron. 30.27

La oración es el recurso infalible del creyente, en cualquier situación o caso difícil. Cuando no puedes usar la espada, puedes usar el arma de la oración. Tu pólvora puede estar húmeda, y tu arco flojo, pero el arma de la oración nunca puede estar “fuera de servicio.” Leviatán se ríe de la jabalina, pero tiembla a la oración. La espada y la lanza se estropean, pero la oración nunca se oxida, y cuando a nosotros nos parece más desafilada es cuando corta mejor. La oración es una puerta abierta que nadie puede cerrar. Pueden rodearte demonios por todos lados, pero el camino arriba está siempre abierto, y mientras ese camino no esté obstruido, no caerás en manos del enemigo. La oración no está nunca fuera de temporada: en invierno y en verano, su mercancía es preciosa. La oración consigue audiencia con el cielo en la oscuridad de la noche, en medio del trabajo, en el calor del mediodía y en las sombras del atardecer. En cualquier condición, sea pobreza, o enfermedad, u obscuridad, o calumnia, o duda, tu Dios siempre recibirá tu oración y la responderá desde su Lugar Santísimo. La oración no es en ningún caso futil. La oración verdadera es verdadero poder. Quizá no consigas siempre lo que pides, pero siempre recibirás lo que de verdad necesitas. Cuando Dios no responde a sus hijos conforme a la letra, lo hace conforme al espíritu. Si pides harina con manteca, ¿te vas a enfadar por que Dios te de la harina más fina? Si pides salud física, ¿debes enfadarte si Dios usa esa enfermedad como cura de tus enfermedades espirituales? ¿No es mejor santificar la cruz que eliminarla? En esta noche, alma mía, no te olvides ofrecer tus peticiones, porque el Señor está listo para concederte tus deseos.

– C. H. Spurgeon

Vida Cristiana

Qué significa HO2

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HODOS es la palabra en griego para «camino«. Es una palabra que Jesús usó en repetidas ocasiones, como por ejemplo cuando dijo «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí,» en Juan 14.6

Jesús en una ocasión habló de dos caminos. Dos hodos, si me permitís. El primero lo describió como espacioso y teniendo una puerta de acceso ancha, por la que entran muchos. Suena bien, si no fuera porque  su destino es la perdición.

El segundo hodos se describe como angosto y se accede a él por una puerta estrecha, por lo que son pocos los que la hallan. Lo más importante: es el camino que lleva a la vida. Este camino es Jesús mismo, el único que da vida de verdad.

El apóstol Pablo también usó este término hodos en relación a aquellos que, a través del arrepentimiento de sus pecados y fe en Cristo, ahora siguen a Jesús como su Maestro teniendo como guía exclusiva la Biblia (Hechos 24.14, 9.2, 19.9, 19.23 entre otros).

Mi pregunta para ti es: ¿en qué camino estás andando? ¿Tomas tu cruz cada día y sigues en los pasos de Jesús? ¿Te has arrepentido de tus pecados, confiando únicamente en Él para tu perdón?

Si tienes inquietudes espirituales, si tienes miedo a morir porque no sabes qué pasará cuando tu corazón deje de latir, sigue leyendo, busca una Biblia, es posible encontrar la verdad, Dios se ha revelado para que podamos conocerle.

Y si ya eres suyo, ¡ánimo, viajero! El propósito de ho2.co es dar palabras de aliento para el camino.